jueves, 26 de diciembre de 2013

EN EL AULA




Llevo varios cursos  impartiendo clases de Ética a alumnos mayores (el anterior no lo hice). Desde el primer día que me presento en clase digo que soy sacerdote católico. Esto no suele facilitar mucho las cosas, ¿o sí? Como a mí me va, hasta cierto punto, la polémica y el "rifi-rafe" dialéctico,  solemos tener pronto acalorados debates en torno a la religión, la Iglesia, el Vaticano y la misma idea o existencia de Dios.


  Muchos de mis alumnos se manifiestan orgullosamente ateos y sólo unos pocos se presentan como creyentes religiosos. Estos lo hacen al modo de Nicodemo: “de noche”, en secreto, sin que se enteren sus compañeros (Jn, 3, 1-21). Los primeros utilizan contra mí y mis posiciones verdadera artillería dialéctica, pero por lo general prestada de los tópicos sociales y televisivos, por tanto son armas de segunda mano.

  Un día una alumna me dijo en un debate:

  -¡Yo lo que no entiendo es cómo tú siendo filósofo (solo soy licenciado), puedes creer en mitos y en esos cuentos!

    Para ella toda creencia religiosa, toda fe, no son más que mitos, cuentos, tonterías. Aseguró que, para ella, no existía más verdad que la científica, empírica y racional. Ni siquiera quiso admitir la importancia de las mitologías como intento de explicación de las verdades más profundas del ser humano.

  -¡Yo sólo admito los resultados de la ciencia! ¡Lo demostrable, lo evidente!

 -Bueno, bueno… parece que metes en el mismo saco cosas bien distintas: ciencia, razón, evidencia…

  -¡Yo quiero seguir siempre la verdad, y la verdad científica, y punto!

  Entonces me vino a la mente la historia de un buscador actual: Antony Flew, “el ateo más influyente del mundo”. 
Y comencé a contarles algo de lo que yo sabía de él: Antony Flew es un profesor de filosofía, recientemente fallecido, que aseguraba que lo lógico es presuponer siempre el ateísmo hasta que aparezca la evidencia empírica de un dios.

  ¡Ves?, lo que yo digo!: ¡lo “normal” es ser ateo! hasta que alguien me demuestre científicamente la existencia de algún dios.

  Los demás alumnos se unieron pronto a esta opinión, mostraban interés y "disparaban". Dos o tres “nicodemos” escuchaban y callaban.

Yo seguía:

  -Flew dice que en toda su vida ha seguido el principio socrático: “Sigue la evidencia, a dondequiera que te conduzca” 

  -¡Me gusta ese principio! ¡Y además parece lógico y razonable, como el mío, igual que el mío, lo que te dije! –dice la alumna de la polémica.

  - Bueno pues a él, en los últimos tiempos, ese principio parece que le llevó a la necesidad de admitir la existencia de Dios, -lancé yo.

  -¡¡Ja! ¿Pero, Qué dices?!

  -De hecho, siguiendo ese camino, en el 2004 publicó un libro sorprendente: “There Is a God: How the World’s Most Notorious  Atheist Changed His Mind” (“Hay un Dios: Cómo el ateo más notorio del mundo cambió su mente”).

  La clase se calla y se tensa. Uno de los “nicodemos” dice:

  -¡Qué bueno! Cuéntanos más. ¡Esto se pone interesante! ¿Está traducido ese libro?

  -No, creo que no está traducido. En Youtube  podéis encontrar alguna entrevista subtitulada. Me parece que Flew ha sido siempre un pensador honesto y aunque no ha llegado a la fe, sí ha llegado a los preámbulos de la fe, es decir: a esas verdades reveladas que la razón humana también puede alcanzar (sabiduría superior, existencia de Dios, del alma, etc…)

  Algunos alumnos se ponen a buscar en internet y uno lee:

  -“El doctor en Filosofía Antony Flew, de 81 años, dijo que “tuvo que rendirse ante la evidencia de los hechos”. Según Flew, tales hechos incluyen recientes descubrimientos científicos en los campos de la cosmología y de la física. Además, explicó: “Los hallazgos realizados durante más de cincuenta años de investigación del ADN sirven de base para nuevos y poderosísimos argumentos a favor del diseño inteligente” y de una Inteligencia Creadora. Declaró también que incluso el “relato bíblico [del capítulo uno de Génesis] ¡podría ser exacto desde el punto de vista científico! – Y sigue: “la única razón por la cual empecé a pensar en creer en un Dios de primera causa es la imposibilidad de proporcionar una explicación naturalista del origen de los primeros organismos reproductivos” luego ha habido otras. Flew dice que la ciencia moderna destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios: la primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda es la existencia de la vida organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia –y la materia en sí no tiene ni inteligencia ni propósito-. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. 
  
   -De hecho llegó a hablar del "colapso del ateísmo" -les digo.

  -¿Te quieres "quedar" con nosotros, o qué? - dice la alumna.
   
  -Es curioso –le digo- conocer la reacción de sus antiguos compañeros de la “Sociedad Atea”: ¡lo han intentado meter en una residencia psiquiátrica!

  -No me extraña, -dice ella.

  - Dicen que ha perdido el juicio. Es decir: ¡cuando pensaba igual que ellos era sabio y era su líder, ahora que ha descubierto nuevos argumentos, nuevas verdades, está loco! ¿Os dais cuenta? Él, claro, se ha defendido asegurando que sigue siendo el mismo de siempre y que sigue el principio socrático de toda su vida: "seguir el argumento a dondequiera te que lleve" y a él lo ha llevado a la necesidad de la existencia de Dios.

  Uno de los alumnos creyentes al estilo de Nicodemo, que no había hablado nunca interviene:


  -¿Y por qué estas cosas no salen en la tele?



Atanasio Serrano

viernes, 6 de diciembre de 2013

AL FINAL TODO TERMINARÁ BIEN


Era una pareja de  ancianos.  Vivían solos.

Desde hacía unos doce años la esposa  -81- no podía levantarse por sí sola de la cama. Él -85- procuraba hacer todo para que la vida pareciera normal: las compras, las comidas, la limpieza, las medicinas, los pagos,  la atención a vecinos y amigos, ¡la vida normal!

 Él era un hombre animoso, optimista, positivo; con sus ánimos y alegría contagiosa animaba a todo el que se llegaba hasta él. Pero últimamente parecía vencido por las circunstancias tan adversas que tenía en casa: la deformación progresiva y el sobrepeso de su esposa, las fuerzas menguantes de él, los años...

-Antes la sentaba todos los días, ¿Sabe?,  pero ahora ya no lo puedo hacer solo, lo hago cuando me ayuda la vecina y me echa una manita.

Pero no es hombre de dejarse vencer fácilmente. No para, es atento, sonríe, agasaja a todos.


Me llamó una hija que vivía en una ciudad lejana, de otro estado. Había llegado a visitar a sus padres ancianos y la madre le dijo que quería que la visitara un sacerdote, deseaba confesarse y preguntar algunas cosas.
 
-¿Puede venir esta tarde, padre? Es que yo me regreso y me gustará estar cuando usted venga.

-Sí, claro que sí: a las 3 pm puedo estar por ahí.

-Gracias. Le esperamos a las 3.

Me recibieron el padre y la hija a la puerta de una casita pobre con escasa decoración y el jardín abandonado. Al cerrar la puerta se percibían algunos olores no muy agradables.

-Gracias por venir hasta nuestra casa; yo no me atrevía a llamarle, ya ve usted, -dijo él.

-Sí muchas gracias por darle este gusto a mamá y llegar tan puntual, -dijo la hija.

Y sin más me hicieron pasar a la habitación de la señora.
Estaba sentada en la cama sujeto su voluminoso y deforme cuerpo con varias almohadas, cojines y otras ropas. Tenía en el rostro dolor, asombro y ganas de decir algo. Le alargué mi mano para saludarla pero ella apenas pudo levantar la suya para dejar ver los efectos de la distonía muscular deformante y cruel.

Hablamos un buen rato a solas, en privado.

Mientras, el esposo y la hija andaban limpiado otras estancias. En nuestra habitación dejaron un cubo con aguas sucias y los muebles y ropas descolocados. Tal vez fui demasiado puntual.

Cuando terminó ella recibí en otra estancia al esposo.

Luego nos reunimos los cuatro.  Traté de transmitirle a la hija parte del sentir de la madre: no podían continuar así. Era necesario que buscáramos una solución. Alguien tenía que ayudar al esposo en aquella casa.

Él parecía estar ajeno a la situación límite que tenía delante como quien no tiene problema alguno.

-¡Todo terminará bien!¡No hay por qué preocuparse!-Dijo él.

Cuando yo insistía con posibles soluciones, él las desestimaba una y otra vez.

-Deberían contratar a alguien que se encargara de la limpieza, la comida, la señora ...

-¡No se preocupe, padre, al final todo terminará bien! -volvía a decir él.

-¿Usted no puede quedarse una temporada con ellos? -pregunté a la hija.

-¡No es necesario, padre, todo terminará bien! -insistía machaconamente él.

-Si no tienen recursos económicos para pagar a alguien quizá desde la Parroquia encontremos a alguna voluntaria del grupo de Pastoral de la Salud...

-¡Nada, nada, al final todo terminará bien! -volvía a decir el anciano.

-¿¡Y si no termina bien, abuelo!? -Le dije yo casi gritando.

Él me miró fijamente a los ojos y sentenció:

-¡Ah, entonces es que no es el Final, padre!!
......


Y me dejó pensativo y meditando hasta el día de hoy...

 “Venid, benditos de mi Padre…"  (Mateo 25, 34)





domingo, 20 de octubre de 2013

¡NADA! ... ¿NADA?



Hoy me levanté un tanto amostazado (1).
Está visto que cuando uno no descansa bien se le revuelven los humores.
¡Toda la noche oyendo los infernales ruidos de una discoteca cercana!
Música que más parecía un aporrear de bidones, gritos de la noche, acelerones de motores, carreras de autos, risas y carcajadas, riñas y disputas...
¡Un coñazo! (2) con perdón.
Así que cuando llegué a la iglesia a las 9 de la mañana aún me duraba el mal humor. Para esas horas el barrio estaba tranquilo y eran pocos los que se veían por las calles.
Y me vinieron las ganas de la venganza.
Cuando a las 10:30 llegaron los jóvenes músicos para ensayar las canciones de la Misa, yo conecté la megafonía exterior del templo. Por si alguno de los ruidosos de la noche dormía cerca que se enterara.
Antes de comenzar la Eucaristía me sosegué ante el Sagrario y me fui a cortar la música exterior, pero unas feligresas que venían a la celebración me dijeron:
-¡Qué alegría da escuchar desde la calle estas canciones!
-¿No se molestará algún vecino?
-¡Que va! ¿A estas horas? ¡ Peores son los ruidos de la noche!
-¡Qué me van a decir a mí!
Así que lo dejé.
Durante la Misa de 13:00 salí a ver la calle. Había más gente y el parque estaba poblado. Sonaba muy bien de fondo el rezar y catar de la megafonía eclesial.
Tres mujeres, por lo menos, quizá cuatro, pasan por delante del templo: una abuela, una madre y una nieta. La madre va empujando un carrito donde es posible vaya otra bebé. La nieta, de unos cuatro años, es atraída por la música religiosa y se queda rezagada. Pregunta:
-¿Qué es eso?
-¡NADA! dijo la madre.
La niña se queda parada intentando ver lo que hay dentro. La abuela la espera.
-¿Qué es eso? vuelve a insistir.
-¡Pues una iglesia! dijo la abuela.
-¡NADA! ya te he dicho que NADA; ¡y date prisa!
-¡Pues yo quiero entrar!
-¡Te he dicho que te des prisa o te quedas sola!
Y se va quedando sola... 
La abuela quiere seguir a la hija y quiere esperar a la nieta, duda. Y le pregunta:
-¿Quires entrar ahí?
-Sí.
-Eso es una Iglesia. Es para rezar. ¿Tú quieres rezar?
-Sí.
-¿De verdad quieres rezar?
-Sí.
-Bueno pues entonces cuando volvamos, si está abierta, entramos las dos. Ahora date prisa con mamá.


Atanasio Serrano
20 de Octubre 2013

(1) Amostazar: Irritar, enojar.
(2) Coñazo: Persona o cosa latosa, insoportable. 



domingo, 13 de octubre de 2013

DOS HOMBRES SOLITARIOS Y UNA MUJER SOLA



Me gusta tener la Parroquia abierta. 
Me refiero al templo. Como no me atrevo a  dejarla abierta sin nadie cuidando, me veo obligado a estar mucho tiempo por allí o a pedir ayuda a otras personas.
Procuro iluminarla suavemente, que esté limpia y ordenada y algunas veces pongo música relajante de fondo. 









La Iglesia está cerca del Paseo del Río, por donde pasean constantemente muchas personas. Está entre dos 
colegios y un parque con juegos infantiles. Las viviendas y las tiendas están al otro lado de la calzada.

Creía que iban a pasar muchas personas a rezar.
O a pensar.
O a ver.
O a descansar.
¡O a algo!
¡Nadie!. Hay días en que no entra nadie.

Hace unas semanas, cuando ya era de noche, llegó un hombre solitario.
-Buenas noches, ¿Es usted el sacerdote?
-Sí, buenas noches.
-Es que traigo algo para los necesitados. Traigo unos "cartones" de leche. ¿Dónde los puedo dejar?
-Ah, pues muchas gracias. Ya le abro la almacén-bodega de Cáritas.
Y los dos descargamos de su furgoneta 80 litros de leche.
No me quiso dar su nombre, no quiso entrar en el templo, no dio más explicaciones: ¡se marchó! Y desde la ventanilla del auto me gritó:
-¡La próxima semana procuraré traer otro tanto!
Y las dos semanas siguientes, en el mismo día y a la misma hora ha venido con sus cartones de leche para los necesitados: solitario, de noche, anónimo... misterio!

El sábado por la mañana, recien abierta la Iglesia, llegó otro parecido:
-¿Es usted de esta Iglesia?
-Sí, soy el párroco nuevo.
-Ah, bueno... tampoco conocía al anterior... Yo no soy muy de estas cosas... ya sabe... jeje.
-Bueno, ¡bienvenido!
-Es que nunca la veo abierta y hoy la vi y me decidí a mirarla. Mi esposa sí viene por aquí algunas veces.
-Pues estaría bien que la acompañara usted... jeje.
-Ya, es que mire... esto... el otro día... creo que fue el lunes por la tarde, sí el lunes! vi una fila de gente aquí y me pareció que venían a pedir.
Sí, claro. Los lunes por la tarde tenemos Cáritas.
-Ya, pues nosotros, mi esposa y yo hemos pensado en colaborar algo en esto. Queremos dar un donativo, si se puede...!
-¿Donativo? ¡Claro que se puede! ¡Eso siempre!
-¡Pues tenga!
sin más me dio 300 Euros.
Se marchó solitario por el Paseo del Río sin decirme su nombre.

Ayer, mientras la iglesia estaba abierta, yo estaba en la oficina. Desde allí me pareció oír como unos gemidos o un llanto en el templo. Salí muy despacio y en silencio me fui acercando a una mujer que se limpiaba el rostro en un banco. Estaba sola. Ella me vio e hizo un gesto como pidiendo perdón o disculpas. Me senté cerca de ella.
-Perdone, Padre. No crea que estoy loca o algo parecido. Es que... es que no sé a dónde ir.
-¿Le importa que me siente aquí?
-No! pero es que solo tengo ganas de llorar... y... ¡me quiero morir! ¡Estoy tan sola!
-Nadie está completmente solo. 
-¡¡Sí, yo sí!! Mire: hace medio año que murió mi marido, el hombre más bueno de este mundo. No tenemos hijos. ¡Y yo no puedo con esta soledad! 


martes, 28 de mayo de 2013

EL INDOCUMENTADO


Ayer, en nuestro viaje a Ciudad Acuña (Coahuila, México), para  visitar a nuestros hermanos misioneros al otro lado de la frontera, nos detuvimos en Eagle Pass (Texas). En la Parroquia de Our Lady of Refuge (Nuestra Sra del Refugio), de esta localidad, nos acogieron muy bien, nos sirvieron algo de beber, nos dieron agradable y fraterna conversación y nos invitaron a visitar la iglesia.

 En la capilla del Sagrario tienen este Cristo que llaman el Indocumentado.


Nos contaron que hace unos meses los Border Patrol (policía de frontera) lo sacaron del río donde llevaba varios días semiflotando.  Lo sacaron y lo detuvieron por "indocumentado". Nadie sabe cómo llegó allí. 

 Lo tuvieron detenido el tiempo reglamentario y como no tenía papeles en regla, ni sabían de su nacionalidad lo enviaron al "Refugio".

En la Parroquia del Refugio y en todas las cercanas a la frontera, se reciben cada día a varios "cristos" indocumentados, mojados, perseguidos y deportados. Éstos ahora van a visitar al que llegó con la cruz puesta, como único equipaje.



lunes, 22 de abril de 2013

DE MI DIARIO IV. Domingo del Buen Pastor



Me levanto un poco más tarde.


Digo las misas de 9.30 y 12:30, contando siempre en las homilías la historia de las ovejas que me recocieron y que publiqué ayer en el Blog. Veo a varias personas sacar el pañuelo y limpiarse los ojos...

Comemos un poco tarde. Antes puedo hablar algo con familiares y amigos por Skype.

Se me presentaba la tarde libre, sin Misas ni compromisos. 

Me alegró mucho recibir un Mensaje de PB invitándome a cenar en casa de sus suegros con varios amigos. Le digo muy contento que sí. También me llamó la Teacher de inglés para practicar un poco de conversación esta tarde; también le dije que sí pues se presentaba la tarde muy libre. Quedé con la profesora a las 5 y con PB hacia las 6:30. Cuando quedaban unos minutos para las 5 me llamó La "profe" diciéndome que no llegaría hasta las 5:15 porque estaba viendo un partido de básquet de su equipo (las Espuelas de San Antonio) y le gustaría verlo terminar, le contesté que estaba bien y que yo la esperaba para las 5:30. Se alegró.

A las 5:10 me bajé al huerto para regarlo un poco y esperarla allí.  El vecino viene a saludarme y platicar. Hacia las 5:30 veo que viene un coche con una mujer a aparcar en nuestra acera, antes de reconocerla  la saludé desde lejos con gestos de alegría y bienvenida creyendo que era la Teacher. Del coche salió una señora desconocida, me disculpé. Ella me dijo:

-Es usted un padre de esta iglesia? ando buscando a un sacerdote.

-Sí, soy el P. Atanasio.

-Me puede atender? Necesito ayuda!

-Bueno ya le he dicho en mis disculpas que estoy esperando a una profesora que viene a enseñarme inglés, yo soy español.

-Ya lo he notado en su acento, ¡qué lindo! Escúcheme, padre, por favor, es solo un momento, pero es urgente.

-Diga, la escucho.

-Mire, mi padre está  muy enfermo. Se está  muriendo, padre, está agonizando (llora).

-Usted, ¿de qué parroquia es?

-Sí, lo sé: no soy de aquí, pero es que el sacerdote de nuestra iglesia nos ha dicho que primero está su siesta (sic). ¡Por favor, Padre! Nos sentimos muy mal por esto, no nos atiende nadie de la iglesia.

-Bien, voy con usted, pero debo dejar recado a la profe de inglés que llegará en unos instantes, también debo buscar los Santos Óleos y demás. Avisé en casa que alguien recibiera a la Profesora y le explicara la situación.

Subí con ella en su coche: un Ford viejo, destartalado, sucio y lleno de cosas varias.

-Perdone, padre, que no tengo aire acondicionado y con este calor...

 Llegamos a la casa en una colonia al sur de la ciudad: pobre y desaliñada, silencisa y oscura. Salieron varias personas a saludarme. Entré en la estancia del enfermo que estaba completamente a oscuras, cuando se iluminó apareció encima de un camastro un anciano muy delgado y con respiración muy difícil. Una goma de oxígeno en la nariz y la boca muy abierta. Le tomé la mano y le hablé despacio:

-Buenas tardes, soy el P. Atanasio de la Iglesia de San Luis Rey, he venido a rezar con usted, su hija me fue a buscar y me lo pidió. Aquí junto a usted están su esposa y muchos miembros de su familia que lo quieren mucho. Si me oye y entiende, por favor apriete mi mano.

¡Y la apretó suavemente!

-¡Muy bien! No tema, estamos con usted. Rezaremos juntos. quizás extrañe mi acento, es que soy de España. Llevo poco tiempo aquí. Me hubiera gustado conocerlo antes de estar enfermo, pero no importa aun tenemos tiempo de ser amigos. -Y le aprieto un poco la mano a lo que él responde con leves movimientos. Seguí habládole despacio con cariño, con la mano unida y acariciando su frente fría. Lo invité a confiar en Dios.

Le di la absolución, después de invitarlo al arrepentimiento. Le di la Santa Unción y la Bendición Apostólica. Rezamos unas oraciones con los familiares presentes. Los bendije a todos.

Ya en la calle, cuando íbamos a subir al coche, la señora M que me había llevado me pide que por favor visite a su marido en el hospital, que está muy enfermo.

-¿También su marido está enfermo?

-Sí, padre. Sería muy bueno que usted lo visitara ahora.

-¡Tengo a la profesora esperándome!

-Por favor, padre, yo sé que usted es bueno.

(-¡Sí, cuando duermo!)

Después de dialogar con ella acepté acompañarla al Hospital Público de Laredo (Mercy Hospital). Al decirme ella el nombre y apellido y notar que era un nombre gringo le pregunté si su marido hablaba y entendía el español, me dijo que un poco sí, le dije si era católico y me dijo que era de una iglesia cristiana... pero que aceptaría a un sacerdote católico. Le comenté que pasara ella sola a la habitación y me anunciara y si estaba su marido de acuerdo en ser visitado por un cura católico... que me lo dijera. Así lo hicimos.

-¡Pase, pase, mi marido quiere saludarlo!

Pasé, lo saludé y nos entendimos en inglés y español de frontera. No tenía cara de muy enfermo y nos anunció que lo iban a operar de las venas del cuello. Rezamos juntos el Padrenuestro le di la bendición a la pareja. Ellos se besaron y yo entendí que él agradecía a ella el hecho de que me hubiera llevado.

A la salida, en un pasillo del hospital, M saludó a una vieja amiga que estaba en la puerta de una habitación, al decirle que yo era un sacerdote que había ido a rezar con su padre y marido, la amiga me pidió que, por favor, visitara también a su marido. Lo hice. Rezamos juntos y los bendije.

Cuando salimos llamé a mi profesora para decirle que perdonara, que ya llegaba en unos momentos. Llegué y la profesora, que me esperaba pacientemente, me dijo que le contara todo.

Comencé a hacerlo, pero ella me interrumpió:

 -¡En inglés!

Lo hice y ella me iba corrigiendo pacientemente. Al terminar fijamos nuestro próximo encuentro.

-¡Vaya tarde tranquila, que ha tenido, Padre! jeje...

Me decidí a ir a la fiesta-cena en casa de los suegros de PB, para ello busque en Google Maps la dirección, imprimí el mapa y lo puse en el frente en la camioneta. Llegué sin dificultad a las 7:30. Me recibieron con alegría y felicitación y les conté todo... ¡esta vez en español... y dando sorbos a una copa de vino!

Cenamos muy bien: costillas asadas, guacamole, elote tierno, jalapeños rellenos de queso con panceta y asaditos en las brasas, salsas y vino tinto. Rodeado de amigos y amigas disfruté de la cena y la compañía.

Regresé bien de noche a casa sin problemas de orientación ni tráfico, y eso que iba sin documentación: con las prisas del enfermo se me olvidó.

Me esperaban en el salón parroquial el párroco y un grupo de feligreses cenando.

-¿Dónde has estado?

-¿Lo queréis en inglés o en español?

-No empieces.

Completas y a dormir.

sábado, 20 de abril de 2013

OVEJAS Y PASTORES



“Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.
Antoine de Saint-Exupery, EL PRINCIPITO.

   







 (Sucedió hace unos diez años)

Son casi las doce de la noche y me dispongo a acostarme. Desconecto del mundo y sus afanes y doy gracias a Dios por el día que termina.

   ¡De pronto suena el móvil que aún no había apagado!

  -Sí, diga.

  -¿Es usted D. Atanasio?

  -Sí, yo soy.

  -¿Me conoce…? ¿Se acuerda de mí?

  -… … ¿?

  -A ver… recuerde… soy un antiguo alumno suyo…

  - Ahora mismo no caigo… no sé…

  - Pues usted decía que nos recordaría siempre!

  -¿Ah, si? ¿dije eso?

  - Sí, y que cuando tuviéramos algún problema, que usted nos ayudaría.

  - ¿Cuándo dije yo todo eso?

  - Cuando era nuestro tutor, en sexto de "egebé".

  - ¡De eso hace más de veinte años! ¿no?

  - ¿No se acuerda?

  -Bueno… ¡es que digo tantas cosas…!

  -Sí, pues yo lo recuerdo muy bien. También dijo que siempre sería nuestro amigo, que nos esperaría siempre… y que aunque nos castigaba, nos quería mucho. “Si alguna vez estáis con problemas yo os intentaré ayudar, recordadlo”, decía usted.

  -Pero, ¿quién eres?

  -¡Bah! Seguro que no se va a acordar de mí. Soy Ángel. ¡Ángel Jorge Madrid!

  -¡Sí, ya te recuerdo, Ángel! Empezaste el curso más tarde que los demás porque venías de fuera, desplazado.

    
-¡Síii…! ¡Venía de Palencia! ¿Me recuerda de verdad, D. Atanasio?

- ¡Claro, y recuerdo a tus padres… y a tu hermano pequeño…! ¿Cómo se llamaba?

-¡Jo, gracias, ya veo que me recuerda!. David; mi hermano es David. Y mis padres están bien, pero yo tengo problemas… Bueno, quiero consultarle algo. ¿sabe?... ¡Jo, no sé cómo decírselo…!

-Bueno, ya has comenzado. Te escucho, Ángel.

    Y con interés y emoción recibo las palabras de Ángel.    

 Cuando terminamos de hablar era la madrugada y yo estaba completamente despejado y desvelado. Tumbado en la cama recordé muchas historias, muchas vidas y muchas anécdotas. Y me vino a la mente algo que me sucedió en mi adolescencia:

    Cuando a los quince años dije a mis padres que quería ir al Seminario, ellos decidieron vender el rebaño de ovejas que yo pastoreaba. Era una decisión dolorosa pero necesaria. Mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres y todos mis hermanos habían sido pastores y ninguno motivó la venta del rebaño familiar. Conmigo se acababa una tradición centenaria. Me sentía, en cierta medida, culpable de una ruptura, de un final, de un cambio radical.

     Teníamos unas 250 ovejas a las cuales conocíamos por sus nombres o referencia, por su conducta (etología). Un día gris de invierno las fueron cargando una a una en dos camiones y se las llevaron. Cuando se quedó la majada vacía y silenciosa vi a mi padre llorar intentando disimular. Yo también lloré a escondidas…

    En el otoño siguiente yo ingresé en el Seminario de Arévalo. En el mes de febrero una hermana mía religiosa fue destinada a Uruguay como misionera. Por este motivo hice la primera visita a mis padres y a mi pueblo. Un día quise dar un paseo en bicicleta hasta el río Órbigo. Cuando estaba entre Benavides y Santa Marina, vi en las tierras de la Ribera un gran rebaño de ovejas y me acerqué por un camino agrícola a verlas de cerca. Serían más de quinientas. Cuando estuve cerca me dio un vuelco el corazón ¡al reconocer entre ellas a algunas de mis ovejas!. Me acerqué más y, con la emoción llena, comencé a mirar fijamente a cada una. Había varias;  y mantenían en el rebaño la misma posición que solían tener en el mío. Quería llamarlas pero no me atrevía. Tosí. Tosí varias veces… ¡y primero una y luego otras levantaron la cabeza y balaron!. Yo entonces  las llamé con los sonidos que siempre las llamaba y que habían utilizado siempre mis antepasados. Ellas respondieron levantando las cabezas; y un grupo de unas veinte vinieron corriendo hacia mí. En ese momento un silbido del pastor dio orden a dos perros que  me las arrebataron  y alejaron, esta vez para siempre.

    Fue un instante. Pero quedó bien grabado en lo más profundo de mi memoria, de mi corazón.

(Evangelio de San Juan, 10, 27-30. Dimingo 4º de Pascua)

PD.: Angel hoy es "amigo" en Facebook



jueves, 18 de abril de 2013

CON LA PSICÓLOGA EN EL HUERTO. II





(Continuación)

A los dos días cuando estaba regando el huerto, la doctora Silvia salió de su despacho:

-¡Por fin llegó el riego! ¡Cómo se lo van a agradecer, eh, Padre!

-Sí, y más con el "triple quince" que le eché anoche.

-¿El "triple quince"? ¿Qué es eso?

-El abono granulado que le aporté, se llama así porque lleva 15% de Nitrógeno, 15% de Fósforo y 15% de Potasio. Mire, son estos gránulos que se ven por el suelo.

-¡O sea, que hoy tienen fiesta completa!.

-Eso espero. Ayer les eché el abono y las mullí un poco la tierra ahuecándola y hoy convenía darle un buen riego de inundación bien lenta, con poco caudal y mucho tiempo.

-Ya lo veo, ya. Vamos, como cuando a una persona que se ha mudado de ciudad la invitan los nuevos vecinos a la primera cena o le hacen los primeros regalos... ¿no, padre? jajaja...

-Sí, algo así. Ahora es usted la que compara con personas,... jajaja...

-Oiga, me parece que a algunos de mis clientes los voy a traer al huerto... Quiero decir que les pueden venir bien estas enseñanzas de los chiles y los tomates, las raíces, las humedades y los abonos. ¿No le parece, Padre Ata?

-Usted sabrá, señora Silvia, usted sabrá. Yo ya lo he utilizado en algún sermón con los feligreses.

-¡¿De veras?! ¡Claro, claro si es que puede ser muy aleccionador!

Los días siguientes las matas de los chiles y los tomates hicieron un cambio espectacular: mejor color, hojas levantadas y crecimiento de otras nuevas. Luego aparecieron los primeros botones o capullos y más tarde las flores: ¡agradecieron bien el abono y el riego abundantes!

-Oiga, y lo del riego por inundación tan abundante, ¿por qué? ¿no era suficiente con la manguera o el aspersor que es más rápido?

-Bueno, pudiera ser suficiente, pero a mí, en esta circunstancia, me gusta más el riego de inundación . Quiero estar bien seguro de que el agua, portando el abono disuelto, le llegue a las raíces que han profundizado: ¡el regalo debe llegar a lo más profundo de la raíz y del alma! Si las regara sólo con la manguera, a estilo lluvia, estaría potenciando y premiando lo superficial, lo caduco,¡los antojos y caprichos, vamos!  las estimularía a que echaran raíces superficiales. Y lo tendría que hacer cada día con cierta esclavitud. ¡Mejor la inundación lenta!  Es más duradera, eficaz y libera de estar pendiente por unos días. Incluso llega más allá del terreno que ellas "conocen" y ahora lo pueden colonizar. ¿Se imagina el contento que deben tener aquellas raíces que en los días de sequía y crisis solo se preocuparon de profundizar buscando humedad y Vida?

-¡Ay, padre, ya está "personalizando" otra vez! ¡Y me encanta!

(Continuará)

lunes, 15 de abril de 2013

CON LA PSICÓLOGA EN EL HUERTO. I




El despacho de la Doctora Silvia tiene salida directa al huerto parroquial. Bueno, en realidad la salida es al porche que da al jardín donde yo he puesto el pequeño huerto.

Esa puerta es un pequeño escape: algunas veces la Doctora sale allí a fumarse un cigarrillo, como a hurtadillas; otras veces la utilizan los clientes que no quieren entrar o salir por la puerta de la oficina parroquial.

La Doctora Silvia es psicóloga.

Algunos de los clientes que recibe son enviados por los sacerdotes de la parroquia, otros no. Puede recibir y tratar a personas muy creyentes o devotas y a otras nada creyentes y nada devotas. Algunos cuando llegan o salen les gusta saludarnos y otros no.

Un día en los que yo iniciaba las labores para preparar el terreno donde plantaría mis hortalizas, Silvia hizo un descanso y salió a observar mi trabajo y a darme agradable conversación. Esto se repitió varias veces en los días sucesivos. Poco a poco la amistad se fue acrecentando y la conversación se hizo más distendida y confiada.

A los pocos días de que yo plantara unas matitas de chiles y tomates, Silvia salió a observarlas. Detallista, como es ella, me dijo:

-Padre, parecen sedientas ¿no convenía regarlas?

-¡No! No en al menos dos o tres días más -le aseguré yo.

-Ay, padre, pues yo las veo sedientas, como lacias.

-Y lo están, Doctora, lo están. Pero quiero yo que lo estén.

-¿Por qué, Padre Ata? No lo entiendo.

-Se lo explico, Silvia. Mire: cuando las planté a todas le di una buena ración de agua hasta empapar bien sus raíces y también la tierra que hay debajo de ellas, luego tapé esa humedad con  tierra seca. Pues bien: hasta dentro de unos días no pienso regarlas.

-¿Qué pretende, Padre, con eso?

-¡Que ahonden sus raíces tras la humedad!

Me mira entre asombrada e interesada, como deseando más información y se la doy:

- Mire, si en estos primeros días de su trasplante y adaptación -de su mudanza- le hago la vida demasiado fácil, no se preocuparán de ahondar sus raíces en busca de la humedad, no se prepararán para las grandes dificultades que seguro les esperan durante el abrasador verano texano, no se adaptarán al medio real en el que van a vivir. Al hacerle la vida demasiado fácil y húmeda, no echarán raíces profundas, serán siempre dependientes  del riego diario, se acostumbrarán a vivir como subvencionadas y al menor fallo entrarán en crisis y morirán. En pocas palabras: ¡pretendo que se busquen la vida!

-¡Qué interesante! Pero aquí, en este clima tiene que regarlas, Padre, y estar pendiente de ellas. -Me dice con interés creciente y como si le fuera tomando cariño a las plantitas.

-Lo sé, Silvia, y lo haré, no lo dude. De hecho estoy muy pendiente y las observo cada día, pero no las regaré aun. No me importa que estén un poco lacias y como tristonas: ¡en realidad todos lo estamos un poco cuando cambiamos de residencia...! Pero mire: las hojitas tiernas centrales están muy vivas.

-¡Ay, Padre, qué interesante: me está comparando a los chiles y los tomates con las personas!

-Bueno, hay una gran diferencia, jaja... pero a veces podemos aprender mucho de la naturaleza...

-¡Y que lo diga, Padre, y que lo diga, estamos de acuerdo! lo tendré en cuenta.

(Continuará)

miércoles, 27 de marzo de 2013

QUIZÁS ESTÁ PASANDO ALGO







Hace unos días me llamó un colega sacerdote en California y me comentó que desde hace unas semanas están notando una mayor afluencia de gente a sus iglesias. También me dijo que lo habían hablado varios sacerdotes y que calculaban en varios miles -o millones?- los que han "vuelto" en todo el país.

El sábado 23 de marzo me sorprendió que la hora que tenía asignada en el horario parroquial para confesiones, se me alargara dos horas por la afluencia de "clientes". Y me sorprendió más porque, por lo menos cuatro personas adultas, me dijeron que era la segunda o tercera vez que se confesaban ¡después de la Primera  Comunión! y en algún caso eso había sucedido hace más de ochenta años.
El Domingo de Ramos notamos mucha afluencia de gente en las seis misas que tenemos en la parroquia, incluso en la de lengua inglesa que suele ser más estable. En todas había un considerable grupo de personas que no conocíamos o no nos sonaban sus caras.
El lunes se notó al contar el dinero de los cestillos...
El martes de nuevo tenía asignado en el horario una hora de disponibilidad para confesiones. Estuve confesando desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche. En algún momento estuvieron echándome una mano otros dos sacerdotes. Y otra vez me sorprendieron los que venían después de mucho tiempo. Hubo unos diez (no los conté) que se confesaban por primera vez en su vida.
Hoy miércoles, siguiendo una orientación de nuestro señor obispo para el tiempo de Cuaresma, hemos vuelto a ponernos a disposición para oír a la gente con  calma. Son las diez de la noche y termino de salir de la iglesia. Entré a las siete y cuarto. ¡También he tenido a varias personas que llevaban largo tiempo sin venir a la iglesia!
Claro, es la primera Semana Santa que yo paso en este lugar y por tanto no puedo saber si esto está dentro de lo normal o no por estas fechas. 


Pero...
¡Quizás está pasando algo!
¿O sólo me lo parece a mí?



jueves, 7 de marzo de 2013

GATOS




Del texto que sigue no soy el autor original. Es uno de esos correos que recibimos reenviados por algún amigo. 
Me ha gustado. 
En cierta manera me ha llevado a pensar en "los praditos"...

"El papa Benedicto XVI ha sido descrito como un hombre que adora la música, en especial Mozart, y un gran amante de los animales. Si indagamos un poco en su vida, descubriremos que, en especial, es un apasionado de los gatos.


El actual Papa creció en una familia que siempre tenía gatos y aprendió a apreciar y amar a estos animales desde la niñez.

En Alemania, mientras fue el cardenal Joseph Ratzinger, el Papa compartió su vida con un felino llamado Chico. Éste lo acompañó a Roma, aunque enseguida hubo alguien más con ellos, pues al llegar a la Ciudad Eterna adoptó a un gato que encontró en la calle. De esa manera, los tres compartieron piso hasta que Ratzinger fue elegido como nuevo Papa.

Una anécdota demuestra la devoción que siente el Papa por estos animales. Llegó a autorizar que se realizara una biografía de su persona donde el narrador fuera Chico, su propio gato. Este libro, titulado Chico y Joseph y pensado para un público infantil, narra, con un lenguaje divertido, la vida de Joseph Ratzinger antes de convertirse en Papa.

En una ocasión, cuando el pontífice decidió pasar sus vacaciones de verano en el Seminario Mayor de Bressanone, tuvo la grata sorpresa de saber que iba a estar acompañado por una gata negra llamada Milly, así que ni en esas circunstancias, alejado de sus dos gatos, tuvo que prescindir de la compañía de un felino.

Los problemas con sus queridos compañeros surgieron cuando el Papa tuvo que mudarse a la Santa Sede. Si bien es cierto que anteriores inquilinos habían tenido un canario, como Pablo VI, o palomas blancas, como Juan Pablo II, ninguno había tenido gatos.
En un primer momento mantuvo a sus gatos bien cuidados en otro lugar y se conformó con dos figurillas felinas de porcelana. Hasta que los animalistas y la delegada del ayuntamiento romano para los derechos de los animales salieron en auxilio de la pasión del pontífice, reivindicando que el Papa no tenía por qué abandonar a sus gatos.

Para la felicidad de todos los involucrados, los gatos del Papa ya están viviendo de nuevo con él. Fuentes cercanas aseguran que les habla en dialecto "bavarés" y los mininos dan señales de entenderlo".