lunes, 26 de diciembre de 2016

VISITA "CULTURAL"



Cada año durante el tiempo de Adviento, en la parroquia se monta el “belén.”  Un grupo de feligreses, dirigidos por el párroco, se encargan de hacerlo. Es un “belén” de los llamados bíblicos, artísticamente realizado y con muchos detalles.

El año pasado (2008), una semana antes de las vacaciones de Navidad, dos profesoras de religión de primaria de un colegio público del barrio nos pidieron venir a verlo con los niños. Eran los más pequeños: los de 1º y 2º curso que daban religión en el colegio.
   Lógicamente les enseñamos el “belén” y se lo explicamos al detalle. Lo “enchufamos” para que manara la fuente, sonara el torrente, se hiciera la noche y el día y se apareciera el Ángel a los pastores.
    Como sobraba tiempo les enseñamos más cosas de la iglesia, del templo. Les seguimos contando la historia de Jesús (Kerigma) y de sus seguidores los cristianos. Les hablamos del Bautismo de Jesús en el Jordán y les mostramos la pila bautismal, donde muchos de ellos habían sido bautizados. Al ver las imágenes de la Virgen María y de San José les hablamos de la familia de Nazaret. Hablamos del grupo de amigos de Jesús y de la última cena y rodeamos el altar mayor. Les llamó mucho la atención cuando les explicamos el ara con reliquias de algún santo. Narramos y recordamos alguna parábola y vieron el ambón con los libros de las lecturas. En la Capilla del santísimo, ante el Sagrario, rezamos una oración. La mayoría de ellos habían venido a misa o a otra celebración con sus padres y en algunos detalles se adelantaban a lo que les contábamos. Nunca habían visto el incensario y se quedaron con las ganas de verlo encendido.
   
En un ángulo del fondo de la nave, cerca de la puerta de la calle, hay una imagen en tamaño real de Jesucristo muerto en la cruz. Los llevamos cerca para hablar de la Pasión y muerte. Algunos mostraron sentimientos de dolor o pena. La mayoría conocía la imagen:
    -¡Mi abuela viene aquí a rezar y echa una moneda para que se encienda una vela! Yo la acompaño y me gusta.
    Siguen mirando a la imagen. Hacen silencio…
    -Se murió y lo enterraron pero después vivió otra vez ¿a que sí?
    -Sí, es verdad: resucitó y sigue vivo. Por eso ahora nosotros podemos seguir siendo sus amigos, su grupo.
    Y les mostramos la imagen de Cristo Resucitado que preside desde el retablo mayor. Algún niño inició un aplauso que seguimos todos.
    A la salida nos felicitamos mutuamente la navidad y les regalamos a cada uno un calendario con la imagen de la Virgen.

     En los primeros días del mes de Enero, una vez reiniciadas las clases, nos llamó la directora del colegio para preguntarnos si seguía el “belén” en la parroquia. Al decirle que sí nos pidió que se lo enseñáramos también a los niños que no daban enseñanza religiosa. Pero “sólo como visita cultural”. Es que algunas madres (cuatro o cinco) y algún profesor protestaron porque unos niños tenían salidas culturales y otros no.
    Le dijimos que por nuestra parte no había problema.
    La visita fue prácticamente igual que la de los alumnos de religión de antes de la Navidad. La oración ante el Sagrario no la hicimos todos, la hicimos sólo nosotros, “como algo cultural…”

     Cando llegamos a la imagen de Cristo muerto en la cruz la reacción del grupo fue muy distinta: hicieron gestos de horror, muecas de repulsa y uno gritó con voz bien clara:
    -¡¡Qué asco!!
   No le pudimos mostrar la imagen del resucitado: el maestro y la maestra que los acompañaban comenzaron a organizar la vuelta al colegio y nos dijeron:
    -¡Nos vamos!
    Y sin más se fueron.
    A los dos días recibimos una llamada de la directora pidiendo información sobre la visita del segundo grupo de alumnos. Estaba un poco molesta porque algunas madres (cuatro o cinco) habían protestado y llevado el caso al consejo escolar porque en la visita a la iglesia le habíamos mostrado a los niños “imágenes no adecuadas.” 

 (Atanasio Serrano, HISTORIAS CONTADAS, CCS, MADRID 2011, Páginas 154-156)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad

EL INVENTOR DE CARAMELOS


Érase una vez, hace ya bastantes años, un alquimista obsesionado por descubrir la Piedra Filosofal. Aquella piedra que convertiría cualquier objeto en oro de ley.

Tenía el laboratorio experimental en el semisótano de la casa familiar y a veces su mujer y sus hijos le daban ideas nuevas o sugerencias por dónde podían ir las cosas.
Un buen día al ver a su mujer freír unas fiyuelas, que entraban blancas en la sartén y salían doradas, gritó:

- ¡EUREKA! ¡Ya lo tengo!

Y acto seguido, con los ojos casi fuera de sus órbitas, apartó decidido el matraz de tres bocas y agarró con fuerza el mango de la sartén. Volcó en ella el recipiente de azúcar blanco y se puso a freírlo con un entusiasmo desmedido.  ¡Toda la hora de la siesta estuvo dando calor y removiendo con la esperanza de que antes de la noche llegaría, por fin, la Piedra Filosofal!
El azúcar caliente se fue derritiendo y pasó a convertirse en una pasta viscosa y... ¡DORADA!.
Cuando le pareció que ya tenía bastante calor y vueltas, la fue dejando enfriar para ver si precipitaba y se hacía una piedra.

Se hizo una pasta transparente pero no como el cristal, dorada pero no como el oro y dura pero no como una piedra.

-¡¿Qué es esto? ¿Que tenemos aquí?!
Al intentar sacarlo de la sartén se le rompió en varios trozos. El alquimista tomó uno pequeño y lo llevó nervioso a su boca.

-¿A qué sabe, papá? dijo su hija pequeña.
-¡A rico!! gritó el padre.
Y el hijo mayor tomó un pedazo mediano, lo miró y remiró y dijo:
-Es bonito, tiene buena CARA
La niña pequeña no aguantó más y tomó un trozo grande. Sin pensarlo lo llevó a su boca diciendo:
-ME LO quedo para mí sola!!
-¿Cómo le llamaremos? preguntó su esposa, que había estado callada y un poco mohína y preocupada por su azúcar, su sartén y su cocina.
-Pues...!CARA-MELO! como ya han dicho los chicos.

La familia enseguida se dió cuenta que aquel invento podía ser rentable y decidieron ponerse manos a la obra. En una semana tenían fabricados más de diez sartenes de caramelos, que la madre llevó al mercado.
Comenzó a pregonarlos:

-CARAMELOS! RICOS Y DULCES CARAMELOS!!
Nada más oír lo de dulces un grupo de niños acudió corriendo.
Los llevaba sin envoltorio alguno; clasificados por tamaños: grandes, medianos y pequeños.
-¿Se pueden probar antes de comprar? preguntó una mamá meticulosa con al menos siete hijos a su alrededor.
-¡Sí, se pueden probar! Cedió la esposa del alquimista.
Y cada uno tomó un trozo y comenzaron todos a darle lametones, cambiando constantemente de pedazo para ver si todos sabían igual o parecido. Otros que llegaron también querían probar y la mercancía vino a ser una colección de dulces babas .
Los vendió todos, pero regresó a casa decidida a no dejar probar a nadie más.
Con el dinero obtenido de la venta compró una buena cesta de frutas frescas y variadas.
Su hija pequeña, que, aunque pequeña, era muy lista, comenzó a echar chorritos de distintas frutas en cada sartén que el papá preparaba. Luego todos comprobaban el sabor:
-¡A limón! ¡a pera! ¡a fresa! ¡a sandía!
-¿Has cortado la sandía? -¡¡Pero si era el postre para el domingo, que tenemos invitados!!

Llegó la madre al mercado. Esta vez acompañada de la niña pequeña y lista:
-CARAMELOS! RICOS Y DULCES CARAMELOS!!!
-¡¡CON SABORES DE VARIADAS FRUTAS!! gritó la niña.
Como anunciaron varios sabores todos querían probar si era verdad antes de comprar y qué sabor le gustaba más.
-¡No se pueden probar! dijo la esposa del alquimista, seria y con autoridad.
-Pues si no pruebo, no compro! dijo la madre de siete hermanos.
Y de nuevo probaron todos. Y las babas y las huellas de los dedos volvieron a ser de servicio público o comunitario.
Por el camino de vuelta la niña dijo a su madre que para la próxima vez los iban a llevar envueltos en trozos de papel. Y así lo hicieron la semana siguiente. Pero como era papel de barba, del que usaba el notario, no se veía lo que había dentro y en el mercado tuvieron que abrir cada caramelo para saber qué sabor había dentro.
-Es mejor que pongamos por fuera el nombre de la fruta que da el sabor. Dijo la madre. Y así lo hicieron: Limón. Pera. Fresa. Sandía. Pero la tinta se mojó y se corrió por todo el papel.
-¡Tengo una idea! dijo el hermano mayor que había tomado el puesto de su padre en la sartén
-¿Qué idea? dijo la hermana pequeña
-¡Pongamos envoltorios transparentes!
-¡Buena idea!

Y toda la semana estuvieron fabricando caramelos y envolviendolos en envoltorios transparentes.
Como aquello supuso un notable éxito, poco a poco se fueron especializando, llegando a hacer verdaderas obras de arte con los variados celofanes de los envoltorios.
-No hace falta que hagáis los trozos tan grandes. Vamos a reducirlos a la mitad, pues el envoltorio también vale y es muy atractivo. Habló el hijo mayor de nuevo.
Y toda la familia se fue especializando en envoltorios!.
Cada semana hacían los envoltorios más vistosos, más grandes, más envoltorios y... ¡menos caramelo!
-¡Ahora sí que ganamos! dijo el padre, que exigió poner su nombre de inventor en cada envoltorio.
La hija pequeña se especializó en envolver diminutos caramelos en envoltorios grandes y preciosos: con forma de mariposa, de tirabuzón, de tesoro, de libélula... muchos envoltorios.
La gente en el mercado ya no probaba ni miraba el tamaño, solo le interesaba el celofán y su atractivo de formas, colores y contrastes.
-Póngame  cinco color rosado y blanco y otros cinco verde musgo!.
Cada semana era más pequeño el caramelo y así gastaban menos en azúcar, tiempo y calor.

Un día la niña pequeña y lista dijo:
-Vah!! yo creo que ya no hace falta poner caramelo, solo vale para manchar y pringar todo!! Con los envoltorios bien puestos vale y la gente nos lo va a agradecer porque se mancharán menos y para regalar quedan genial!

¡Desde aquel día toda la familia vende caramelos sin caramelo y la gente engañada y tan contenta lo celebra feliz!


.............................................MORALEJA.........................................................................................

Jesús es el Caramelo de la Navidad.
Él es el que da sabor.
Las luces, los disfraces, las reuniones, las cenas, la lotería, el árbol, el belén, los villancicos, las felicitaciones, las vacaciones, los encuentros, el turrón, los confites, las rebajas. los regalos, los viajes, las cestas y lotes, los conciertos, los horarios especiales, Santa Claus, Papá Noel y los Reyes Magos... son envoltorios.

¿Tienes muchos envoltorios?
¿Te quedaste sin CARAMELO?


Atanasio Serrano. Navidad 2016


martes, 15 de marzo de 2016

EMIGRANTES Y REFUGIADOS



"Emigrantes
    No hace muchos años la introducción o prólogo a un documento sobre el fenómeno de la emigración/inmigración, me llamó la atención y me hizo pensar. El documento era de un grupo de la Iglesia en España. Comenzaba más o menos así:

   “Damos gracias a Dios por el fenómeno de la emigración, porque es para nosotros una oportunidad de mostrar  un corazón abierto a otros hermanos de otros países, lenguas, culturas y religiones; para mostrar la universalidad y catolicidad de la Iglesia”(al sentido).

   Y digo yo: ¿Qué pensaríamos de una congregación de hospitalarios u hospitalarias, de una ONG de médicos o enfermeros voluntarios que tuviesen entre sus fines y actividades el socorrer y curar a heridos y mutilados de una determinada guerra tribal cruelísima y emitieran un documento en el que dieran gracias a Dios por la existencia de esa guerra, porque gracias a ella  tienen ellos la oportunidad y la dicha de realizar su vocación de servicio? ¿No nos parecería más lógico que dedicaran buena parte de sus esfuerzos a tratar de parar esa guerra? Sin dejar de atender a los heridos habría que descubrir y dialogar con los líderes de ambos bandos, escuchar sus argumentos y tratar de llegar a una paz justa. 

   Pues bien, creo que al fenómeno mundial de la emigración humana forzosa se le está aplicando el ambientador para no ir al origen o a la causa. Proliferan, con toda la mejor voluntad, casas de acogida, programas de inserción y apoyo, programas escolares adaptados a los que llegan, voluntarios para gestionar papeles y ayudas diversas. Esto es necesario mantenerlo e incluso incrementarlo, pero hay que luchar mucho más contra las causas: ¡que poco se ve analizando y denunciando las causas de la emigración! Y no sólo analizando, sino operando y modificando. ¡¿Dónde están los profetas?! ¡¿Dónde sus denuncias!?


   A Cáritas de nuestra parroquia llegan muchos emigrantes ¡con permiso de residencia y prohibición de trabajo! ¡No me digan que esto no es un buen ambientador!: se da permiso de residencia para aparecer ante el mundo y en sus relaciones internacionales como país abierto y acogedor, modelo de democracia integradora, etc. Se niega el permiso de trabajo para no incrementar desmesuradamente las cifras de parados. Con esto, claro, se potencian las mafias internacionales de tráfico de emigrantes porque pueden ofrecer a sus víctimas permiso de residencia en un paraíso con sanidad y educación gratis. Eso sí: para sobrevivir tendrán que trapichear, someterse, prostituirse de una forma o de otra; pero como estas cosas se hacen en lo oculto, no se ven y por tanto ¡no existen!

   Dejo constancia, para ser consecuente, de las principales causas de la emigración forzosa (la voluntaria se llama turismo…):1. Guerras, contiendas civiles y carencias de derechos humanos.
2. Tipo de  desarrollo económico y modelos de poblamiento.
3. Rutas internacionales y globalización. Leyes de comercio internacional, finanzas, subvenciones y proteccionismo.4. Receptividad a los emigrantes en los países industriales avanzados.5. Cambio del clima y desastres “naturales”.Si lo pensamos serenamente, veremos que en todas las causas influye nuestra conducta (también en la 5), nuestro estilo de vida y de organización social, nuestros estados “avanzados” y nuestros gobiernos. ¿Quizá por eso es más difícil de solucionar? ¿Quizá por eso se nos intenta ocultar ?"
        (Atanasio Serrano, HISTORIAS CONTADAS, CCS Madrid, 2011, págs. 125-126)


           Lo escrito hace años para emigrantes creo que vale para la actual crisis  de refugiados.
           Y ahora les invito a ver este vídeo 

lunes, 5 de enero de 2015

UN POCO DE TIERRA



Buena parte de la mañana de este 5 de Enero de 2015 la he pasado en un centro comercial.
Tenía que encargar (comprar!) algo que los Reyes Magos deben dejar esta noche a cada uno de mis hermanos de Comunidad.
 Eran tantas las ofertas que tenía delante y había tantísima gente comprando que me llegué a agobiar y por varias veces desee volver a los días en que cuidaba el rebaño de ovejas en la soledad del monte. 
Pocas veces me había visto envuelto en una muchedumbre de compradores compulsivos como hoy. 
Vi cara a cara al Consumismo, me hizo un guiño y  me asustó.

Por la tarde seguía dándole vueltas al asunto.

Por eso me fui al huerto y me puse a remover la tierra mientras meditaba. Me distrajo el gato "Manolo" que vino ronroneando hasta mí mendigando atención y una caricia.

En esto recibo un "WhatsApp" de un sacerdote de un grupo de oración:
"Mensaje que acaba de mandarme Sor Charo, una Hija de la Caridad, que trabaja en un orfanato en Salamanca:
Padre, terminamos de acompañar al Campo Santo a un señor de 55 años que fue niño de la Residencia desde los 6 años. Solo hemos estado las hermanas y dos compañeros de Residencia.
Enterrado en "fosa común". Recogimos un poco de tierra de otra tumba de al lado pues no tenía suficiente tierra la suya. Los pobres comparten hasta en la tumba.
Hermana Tierra recobra este cuerpo que quiere descansar hasta el día de su Resurrección.



Se me parte el corazón al verme tan lleno de tantas cosas cuando los pobres no tienen ni un poco de tierra con la que cubrir sus despojos.

domingo, 5 de enero de 2014

DE COMPRAS



   Era sábado por la mañana. Primer sábado del mes de Diciembre.
Llegamos al “parking” del “gran centro comercial” como quien llega a una romería. 
Dimos varias vueltas con el automóvil buscando una plaza de aparcamiento que no estuviera muy alejada de la salida de las cajas de pago: ¡todo completo! 

   -¡Sigamos a esos que van con el carro lleno!

   -¡Sí, cierto, y además llevan las llaves del coche en la mano!

   Aparcamos un poco lejos y seguimos el ritual: buscar monedas para liberar un carro de compra.

    -Mejor dos, que luego siempre andamos mal de espacio, parece que tenemos pensado comprar poco, pero al final no nos cabe lo comprado en un solo carro.

    Seguimos la “procesión” de otros creyentes del consumo y entramos en el “gran centro” como en un templo en busca de un poco de  felicidad y sentido.
     Allí nos encontramos con nuestros vecinos: una pareja joven con su hijo de dos años que nos saludan con alegría.

   -¡Ves, dos carros; nosotros deberíamos de haber hecho lo mismo!. Comenta el padre.

   Ellos llevaban un solo carro, que en estos momentos, como iba vacío, le servía para llevar a su hijo Isaac de dos años: sentado junto a las manillas, disfrutaba de las atenciones y miradas de la madre que empujaba el carro.

    Al entrar en la gran galería-atrio el ambiente nos envolvió y secuestró nuestros sentidos: olores, música, luces… Allí nos separamos y cada uno fuimos a lo nuestro. Ellos entraron en el supermercado para hacer la compra y cumplir así con el precepto semanal; nosotros continuamos adentrándonos en la “cueva” y sus múltiples ofertas: zapatos y ropas, dulces y golosinas, aparatos múltiples que nos servirían en casa como nuevos esclavos… ¿o nos esclavizarían?  Al final del recorrido teníamos uno de nuestros carros bien lleno.

   -Debemos darnos más prisa y pasar al “súper”.

   Y tratamos de hacer un buen propósito, más voluntarista que real:

   -¡Saca la lista que es mejor ir con orden! ¡ no nos fijemos en nada  que no sea  verdaderamente necesario! ¿Vale?

    En estos momentos nos encontramos de nuevo con nuestros vecinos que hacen línea con otros "creyentes"  para pagar su carro lleno. Están solos la mamá y el niño. El pequeño Isaac llora y reclama atención: pide que lo lleven en brazos porque la compra, las cosas, le han arrebatado el espacio en el carro y en el cuidado de la madre. Ésta trata de convencerlo de que llevan muchas cosas para él y que aún le van a comprar más.

   -Además, papá ha ido a buscar otro carro y estará a punto de llegar.

   Comentamos con ella lo que hemos comprado en la galería y las ofertas y novedades tan buenas que hay. Como la vemos un poco atareada con el carro y con el niño, nos quedamos con ella hasta que pasa la caja y ahora hasta que llegue su marido. Intentamos contentar o distraer a Isaac. ¡Tarea bien difícil!: está cansado y celoso, está realmente enojado y quiere que su madre abandone el carro y lo tome a él. El padre tarda en llegar. Cuando lo hace nuevo disgusto y berrinche del niño: ¡llega con el nuevo carro prácticamente lleno!... lo ha ido llenando en la “precesión” por la galería. La madre también se siente un poco contrariada pero disimula dedicándole atención y cuidados al niño que no deja de llorar. Se agacha para ponerle un zapato que se había quitado y cuando está a su altura lo mira fijamente y le dice:

   -A ver, Isaac, hijo: ¡pide lo que quieras que te compre mamá! ¡pídeme lo que quieras, cariño!

  Él, conteniendo el llanto y mirando a su madre, le dice:

   -¡¡Mimos, mimos!!

   Y los dos se abrazaron fuertemente.



Atanasio Serrano




                                (Tomado de Internet)









jueves, 26 de diciembre de 2013

EN EL AULA




Llevo varios cursos  impartiendo clases de Ética a alumnos mayores (el anterior no lo hice). Desde el primer día que me presento en clase digo que soy sacerdote católico. Esto no suele facilitar mucho las cosas, ¿o sí? Como a mí me va, hasta cierto punto, la polémica y el "rifi-rafe" dialéctico,  solemos tener pronto acalorados debates en torno a la religión, la Iglesia, el Vaticano y la misma idea o existencia de Dios.


  Muchos de mis alumnos se manifiestan orgullosamente ateos y sólo unos pocos se presentan como creyentes religiosos. Estos lo hacen al modo de Nicodemo: “de noche”, en secreto, sin que se enteren sus compañeros (Jn, 3, 1-21). Los primeros utilizan contra mí y mis posiciones verdadera artillería dialéctica, pero por lo general prestada de los tópicos sociales y televisivos, por tanto son armas de segunda mano.

  Un día una alumna me dijo en un debate:

  -¡Yo lo que no entiendo es cómo tú siendo filósofo (solo soy licenciado), puedes creer en mitos y en esos cuentos!

    Para ella toda creencia religiosa, toda fe, no son más que mitos, cuentos, tonterías. Aseguró que, para ella, no existía más verdad que la científica, empírica y racional. Ni siquiera quiso admitir la importancia de las mitologías como intento de explicación de las verdades más profundas del ser humano.

  -¡Yo sólo admito los resultados de la ciencia! ¡Lo demostrable, lo evidente!

 -Bueno, bueno… parece que metes en el mismo saco cosas bien distintas: ciencia, razón, evidencia…

  -¡Yo quiero seguir siempre la verdad, y la verdad científica, y punto!

  Entonces me vino a la mente la historia de un buscador actual: Antony Flew, “el ateo más influyente del mundo”. 
Y comencé a contarles algo de lo que yo sabía de él: Antony Flew es un profesor de filosofía, recientemente fallecido, que aseguraba que lo lógico es presuponer siempre el ateísmo hasta que aparezca la evidencia empírica de un dios.

  ¡Ves?, lo que yo digo!: ¡lo “normal” es ser ateo! hasta que alguien me demuestre científicamente la existencia de algún dios.

  Los demás alumnos se unieron pronto a esta opinión, mostraban interés y "disparaban". Dos o tres “nicodemos” escuchaban y callaban.

Yo seguía:

  -Flew dice que en toda su vida ha seguido el principio socrático: “Sigue la evidencia, a dondequiera que te conduzca” 

  -¡Me gusta ese principio! ¡Y además parece lógico y razonable, como el mío, igual que el mío, lo que te dije! –dice la alumna de la polémica.

  - Bueno pues a él, en los últimos tiempos, ese principio parece que le llevó a la necesidad de admitir la existencia de Dios, -lancé yo.

  -¡¡Ja! ¿Pero, Qué dices?!

  -De hecho, siguiendo ese camino, en el 2004 publicó un libro sorprendente: “There Is a God: How the World’s Most Notorious  Atheist Changed His Mind” (“Hay un Dios: Cómo el ateo más notorio del mundo cambió su mente”).

  La clase se calla y se tensa. Uno de los “nicodemos” dice:

  -¡Qué bueno! Cuéntanos más. ¡Esto se pone interesante! ¿Está traducido ese libro?

  -No, creo que no está traducido. En Youtube  podéis encontrar alguna entrevista subtitulada. Me parece que Flew ha sido siempre un pensador honesto y aunque no ha llegado a la fe, sí ha llegado a los preámbulos de la fe, es decir: a esas verdades reveladas que la razón humana también puede alcanzar (sabiduría superior, existencia de Dios, del alma, etc…)

  Algunos alumnos se ponen a buscar en internet y uno lee:

  -“El doctor en Filosofía Antony Flew, de 81 años, dijo que “tuvo que rendirse ante la evidencia de los hechos”. Según Flew, tales hechos incluyen recientes descubrimientos científicos en los campos de la cosmología y de la física. Además, explicó: “Los hallazgos realizados durante más de cincuenta años de investigación del ADN sirven de base para nuevos y poderosísimos argumentos a favor del diseño inteligente” y de una Inteligencia Creadora. Declaró también que incluso el “relato bíblico [del capítulo uno de Génesis] ¡podría ser exacto desde el punto de vista científico! – Y sigue: “la única razón por la cual empecé a pensar en creer en un Dios de primera causa es la imposibilidad de proporcionar una explicación naturalista del origen de los primeros organismos reproductivos” luego ha habido otras. Flew dice que la ciencia moderna destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios: la primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda es la existencia de la vida organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia –y la materia en sí no tiene ni inteligencia ni propósito-. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. 
  
   -De hecho llegó a hablar del "colapso del ateísmo" -les digo.

  -¿Te quieres "quedar" con nosotros, o qué? - dice la alumna.
   
  -Es curioso –le digo- conocer la reacción de sus antiguos compañeros de la “Sociedad Atea”: ¡lo han intentado meter en una residencia psiquiátrica!

  -No me extraña, -dice ella.

  - Dicen que ha perdido el juicio. Es decir: ¡cuando pensaba igual que ellos era sabio y era su líder, ahora que ha descubierto nuevos argumentos, nuevas verdades, está loco! ¿Os dais cuenta? Él, claro, se ha defendido asegurando que sigue siendo el mismo de siempre y que sigue el principio socrático de toda su vida: "seguir el argumento a dondequiera te que lleve" y a él lo ha llevado a la necesidad de la existencia de Dios.

  Uno de los alumnos creyentes al estilo de Nicodemo, que no había hablado nunca interviene:


  -¿Y por qué estas cosas no salen en la tele?



Atanasio Serrano

viernes, 6 de diciembre de 2013

AL FINAL TODO TERMINARÁ BIEN


Era una pareja de  ancianos.  Vivían solos.

Desde hacía unos doce años la esposa  -81- no podía levantarse por sí sola de la cama. Él -85- procuraba hacer todo para que la vida pareciera normal: las compras, las comidas, la limpieza, las medicinas, los pagos,  la atención a vecinos y amigos, ¡la vida normal!

 Él era un hombre animoso, optimista, positivo; con sus ánimos y alegría contagiosa animaba a todo el que se llegaba hasta él. Pero últimamente parecía vencido por las circunstancias tan adversas que tenía en casa: la deformación progresiva y el sobrepeso de su esposa, las fuerzas menguantes de él, los años...

-Antes la sentaba todos los días, ¿Sabe?,  pero ahora ya no lo puedo hacer solo, lo hago cuando me ayuda la vecina y me echa una manita.

Pero no es hombre de dejarse vencer fácilmente. No para, es atento, sonríe, agasaja a todos.


Me llamó una hija que vivía en una ciudad lejana, de otro estado. Había llegado a visitar a sus padres ancianos y la madre le dijo que quería que la visitara un sacerdote, deseaba confesarse y preguntar algunas cosas.
 
-¿Puede venir esta tarde, padre? Es que yo me regreso y me gustará estar cuando usted venga.

-Sí, claro que sí: a las 3 pm puedo estar por ahí.

-Gracias. Le esperamos a las 3.

Me recibieron el padre y la hija a la puerta de una casita pobre con escasa decoración y el jardín abandonado. Al cerrar la puerta se percibían algunos olores no muy agradables.

-Gracias por venir hasta nuestra casa; yo no me atrevía a llamarle, ya ve usted, -dijo él.

-Sí muchas gracias por darle este gusto a mamá y llegar tan puntual, -dijo la hija.

Y sin más me hicieron pasar a la habitación de la señora.
Estaba sentada en la cama sujeto su voluminoso y deforme cuerpo con varias almohadas, cojines y otras ropas. Tenía en el rostro dolor, asombro y ganas de decir algo. Le alargué mi mano para saludarla pero ella apenas pudo levantar la suya para dejar ver los efectos de la distonía muscular deformante y cruel.

Hablamos un buen rato a solas, en privado.

Mientras, el esposo y la hija andaban limpiado otras estancias. En nuestra habitación dejaron un cubo con aguas sucias y los muebles y ropas descolocados. Tal vez fui demasiado puntual.

Cuando terminó ella recibí en otra estancia al esposo.

Luego nos reunimos los cuatro.  Traté de transmitirle a la hija parte del sentir de la madre: no podían continuar así. Era necesario que buscáramos una solución. Alguien tenía que ayudar al esposo en aquella casa.

Él parecía estar ajeno a la situación límite que tenía delante como quien no tiene problema alguno.

-¡Todo terminará bien!¡No hay por qué preocuparse!-Dijo él.

Cuando yo insistía con posibles soluciones, él las desestimaba una y otra vez.

-Deberían contratar a alguien que se encargara de la limpieza, la comida, la señora ...

-¡No se preocupe, padre, al final todo terminará bien! -volvía a decir él.

-¿Usted no puede quedarse una temporada con ellos? -pregunté a la hija.

-¡No es necesario, padre, todo terminará bien! -insistía machaconamente él.

-Si no tienen recursos económicos para pagar a alguien quizá desde la Parroquia encontremos a alguna voluntaria del grupo de Pastoral de la Salud...

-¡Nada, nada, al final todo terminará bien! -volvía a decir el anciano.

-¿¡Y si no termina bien, abuelo!? -Le dije yo casi gritando.

Él me miró fijamente a los ojos y sentenció:

-¡Ah, entonces es que no es el Final, padre!!
......


Y me dejó pensativo y meditando hasta el día de hoy...

 “Venid, benditos de mi Padre…"  (Mateo 25, 34)