domingo, 20 de octubre de 2013

¡NADA! ... ¿NADA?



Hoy me levanté un tanto amostazado (1).
Está visto que cuando uno no descansa bien se le revuelven los humores.
¡Toda la noche oyendo los infernales ruidos de una discoteca cercana!
Música que más parecía un aporrear de bidones, gritos de la noche, acelerones de motores, carreras de autos, risas y carcajadas, riñas y disputas...
¡Un coñazo! (2) con perdón.
Así que cuando llegué a la iglesia a las 9 de la mañana aún me duraba el mal humor. Para esas horas el barrio estaba tranquilo y eran pocos los que se veían por las calles.
Y me vinieron las ganas de la venganza.
Cuando a las 10:30 llegaron los jóvenes músicos para ensayar las canciones de la Misa, yo conecté la megafonía exterior del templo. Por si alguno de los ruidosos de la noche dormía cerca que se enterara.
Antes de comenzar la Eucaristía me sosegué ante el Sagrario y me fui a cortar la música exterior, pero unas feligresas que venían a la celebración me dijeron:
-¡Qué alegría da escuchar desde la calle estas canciones!
-¿No se molestará algún vecino?
-¡Que va! ¿A estas horas? ¡ Peores son los ruidos de la noche!
-¡Qué me van a decir a mí!
Así que lo dejé.
Durante la Misa de 13:00 salí a ver la calle. Había más gente y el parque estaba poblado. Sonaba muy bien de fondo el rezar y catar de la megafonía eclesial.
Tres mujeres, por lo menos, quizá cuatro, pasan por delante del templo: una abuela, una madre y una nieta. La madre va empujando un carrito donde es posible vaya otra bebé. La nieta, de unos cuatro años, es atraída por la música religiosa y se queda rezagada. Pregunta:
-¿Qué es eso?
-¡NADA! dijo la madre.
La niña se queda parada intentando ver lo que hay dentro. La abuela la espera.
-¿Qué es eso? vuelve a insistir.
-¡Pues una iglesia! dijo la abuela.
-¡NADA! ya te he dicho que NADA; ¡y date prisa!
-¡Pues yo quiero entrar!
-¡Te he dicho que te des prisa o te quedas sola!
Y se va quedando sola... 
La abuela quiere seguir a la hija y quiere esperar a la nieta, duda. Y le pregunta:
-¿Quires entrar ahí?
-Sí.
-Eso es una Iglesia. Es para rezar. ¿Tú quieres rezar?
-Sí.
-¿De verdad quieres rezar?
-Sí.
-Bueno pues entonces cuando volvamos, si está abierta, entramos las dos. Ahora date prisa con mamá.


Atanasio Serrano
20 de Octubre 2013

(1) Amostazar: Irritar, enojar.
(2) Coñazo: Persona o cosa latosa, insoportable. 



domingo, 13 de octubre de 2013

DOS HOMBRES SOLITARIOS Y UNA MUJER SOLA



Me gusta tener la Parroquia abierta. 
Me refiero al templo. Como no me atrevo a  dejarla abierta sin nadie cuidando, me veo obligado a estar mucho tiempo por allí o a pedir ayuda a otras personas.
Procuro iluminarla suavemente, que esté limpia y ordenada y algunas veces pongo música relajante de fondo. 









La Iglesia está cerca del Paseo del Río, por donde pasean constantemente muchas personas. Está entre dos 
colegios y un parque con juegos infantiles. Las viviendas y las tiendas están al otro lado de la calzada.

Creía que iban a pasar muchas personas a rezar.
O a pensar.
O a ver.
O a descansar.
¡O a algo!
¡Nadie!. Hay días en que no entra nadie.

Hace unas semanas, cuando ya era de noche, llegó un hombre solitario.
-Buenas noches, ¿Es usted el sacerdote?
-Sí, buenas noches.
-Es que traigo algo para los necesitados. Traigo unos "cartones" de leche. ¿Dónde los puedo dejar?
-Ah, pues muchas gracias. Ya le abro la almacén-bodega de Cáritas.
Y los dos descargamos de su furgoneta 80 litros de leche.
No me quiso dar su nombre, no quiso entrar en el templo, no dio más explicaciones: ¡se marchó! Y desde la ventanilla del auto me gritó:
-¡La próxima semana procuraré traer otro tanto!
Y las dos semanas siguientes, en el mismo día y a la misma hora ha venido con sus cartones de leche para los necesitados: solitario, de noche, anónimo... misterio!

El sábado por la mañana, recien abierta la Iglesia, llegó otro parecido:
-¿Es usted de esta Iglesia?
-Sí, soy el párroco nuevo.
-Ah, bueno... tampoco conocía al anterior... Yo no soy muy de estas cosas... ya sabe... jeje.
-Bueno, ¡bienvenido!
-Es que nunca la veo abierta y hoy la vi y me decidí a mirarla. Mi esposa sí viene por aquí algunas veces.
-Pues estaría bien que la acompañara usted... jeje.
-Ya, es que mire... esto... el otro día... creo que fue el lunes por la tarde, sí el lunes! vi una fila de gente aquí y me pareció que venían a pedir.
Sí, claro. Los lunes por la tarde tenemos Cáritas.
-Ya, pues nosotros, mi esposa y yo hemos pensado en colaborar algo en esto. Queremos dar un donativo, si se puede...!
-¿Donativo? ¡Claro que se puede! ¡Eso siempre!
-¡Pues tenga!
Y sin más me dio 300 Euros.
Se marchó solitario por el Paseo del Río sin decirme su nombre.

Ayer, mientras la iglesia estaba abierta, yo estaba en la oficina. Desde allí me pareció oír como unos gemidos o un llanto en el templo. Salí muy despacio y en silencio me fui acercando a una mujer que se limpiaba el rostro en un banco. Estaba sola. Ella me vio e hizo un gesto como pidiendo perdón o disculpas. Me senté cerca de ella.
-Perdone, Padre. No crea que estoy loca o algo parecido. Es que... es que no sé a dónde ir.
-¿Le importa que me siente aquí?
-No! pero es que solo tengo ganas de llorar... y... ¡me quiero morir! ¡Estoy tan sola!
-Nadie está completmente solo. 
-¡¡Sí, yo sí!! Mire: hace medio año que murió mi marido, el hombre más bueno de este mundo. No tenemos hijos. ¡Y yo no puedo con esta soledad! 


martes, 28 de mayo de 2013

EL INDOCUMENTADO


Ayer, en nuestro viaje a Ciudad Acuña (Coahuila, México), para  visitar a nuestros hermanos misioneros al otro lado de la frontera, nos detuvimos en Eagle Pass (Texas). En la Parroquia de Our Lady of Refuge (Nuestra Sra del Refugio), de esta localidad, nos acogieron muy bien, nos sirvieron algo de beber, nos dieron agradable y fraterna conversación y nos invitaron a visitar la iglesia.

 En la capilla del Sagrario tienen este Cristo que llaman el Indocumentado.


Nos contaron que hace unos meses los Border Patrol (policía de frontera) lo sacaron del río donde llevaba varios días semiflotando.  Lo sacaron y lo detuvieron por "indocumentado". Nadie sabe cómo llegó allí. 

 Lo tuvieron detenido el tiempo reglamentario y como no tenía papeles en regla, ni sabían de su nacionalidad lo enviaron al "Refugio".

En la Parroquia del Refugio y en todas las cercanas a la frontera, se reciben cada día a varios "cristos" indocumentados, mojados, perseguidos y deportados. Éstos ahora van a visitar al que llegó con la cruz puesta, como único equipaje.



lunes, 22 de abril de 2013

DE MI DIARIO IV. Domingo del Buen Pastor



Me levanto un poco más tarde.


Digo las misas de 9.30 y 12:30, contando siempre en las homilías la historia de las ovejas que me recocieron y que publiqué ayer en el Blog. Veo a varias personas sacar el pañuelo y limpiarse los ojos...

Comemos un poco tarde. Antes puedo hablar algo con familiares y amigos por Skype.

Se me presentaba la tarde libre, sin Misas ni compromisos. 

Me alegró mucho recibir un Mensaje de PB invitándome a cenar en casa de sus suegros con varios amigos. Le digo muy contento que sí. También me llamó la Teacher de inglés para practicar un poco de conversación esta tarde; también le dije que sí pues se presentaba la tarde muy libre. Quedé con la profesora a las 5 y con PB hacia las 6:30. Cuando quedaban unos minutos para las 5 me llamó La "profe" diciéndome que no llegaría hasta las 5:15 porque estaba viendo un partido de básquet de su equipo (las Espuelas de San Antonio) y le gustaría verlo terminar, le contesté que estaba bien y que yo la esperaba para las 5:30. Se alegró.

A las 5:10 me bajé al huerto para regarlo un poco y esperarla allí.  El vecino viene a saludarme y platicar. Hacia las 5:30 veo que viene un coche con una mujer a aparcar en nuestra acera, antes de reconocerla  la saludé desde lejos con gestos de alegría y bienvenida creyendo que era la Teacher. Del coche salió una señora desconocida, me disculpé. Ella me dijo:

-Es usted un padre de esta iglesia? ando buscando a un sacerdote.

-Sí, soy el P. Atanasio.

-Me puede atender? Necesito ayuda!

-Bueno ya le he dicho en mis disculpas que estoy esperando a una profesora que viene a enseñarme inglés, yo soy español.

-Ya lo he notado en su acento, ¡qué lindo! Escúcheme, padre, por favor, es solo un momento, pero es urgente.

-Diga, la escucho.

-Mire, mi padre está  muy enfermo. Se está  muriendo, padre, está agonizando (llora).

-Usted, ¿de qué parroquia es?

-Sí, lo sé: no soy de aquí, pero es que el sacerdote de nuestra iglesia nos ha dicho que primero está su siesta (sic). ¡Por favor, Padre! Nos sentimos muy mal por esto, no nos atiende nadie de la iglesia.

-Bien, voy con usted, pero debo dejar recado a la profe de inglés que llegará en unos instantes, también debo buscar los Santos Óleos y demás. Avisé en casa que alguien recibiera a la Profesora y le explicara la situación.

Subí con ella en su coche: un Ford viejo, destartalado, sucio y lleno de cosas varias.

-Perdone, padre, que no tengo aire acondicionado y con este calor...

 Llegamos a la casa en una colonia al sur de la ciudad: pobre y desaliñada, silencisa y oscura. Salieron varias personas a saludarme. Entré en la estancia del enfermo que estaba completamente a oscuras, cuando se iluminó apareció encima de un camastro un anciano muy delgado y con respiración muy difícil. Una goma de oxígeno en la nariz y la boca muy abierta. Le tomé la mano y le hablé despacio:

-Buenas tardes, soy el P. Atanasio de la Iglesia de San Luis Rey, he venido a rezar con usted, su hija me fue a buscar y me lo pidió. Aquí junto a usted están su esposa y muchos miembros de su familia que lo quieren mucho. Si me oye y entiende, por favor apriete mi mano.

¡Y la apretó suavemente!

-¡Muy bien! No tema, estamos con usted. Rezaremos juntos. quizás extrañe mi acento, es que soy de España. Llevo poco tiempo aquí. Me hubiera gustado conocerlo antes de estar enfermo, pero no importa aun tenemos tiempo de ser amigos. -Y le aprieto un poco la mano a lo que él responde con leves movimientos. Seguí habládole despacio con cariño, con la mano unida y acariciando su frente fría. Lo invité a confiar en Dios.

Le di la absolución, después de invitarlo al arrepentimiento. Le di la Santa Unción y la Bendición Apostólica. Rezamos unas oraciones con los familiares presentes. Los bendije a todos.

Ya en la calle, cuando íbamos a subir al coche, la señora M que me había llevado me pide que por favor visite a su marido en el hospital, que está muy enfermo.

-¿También su marido está enfermo?

-Sí, padre. Sería muy bueno que usted lo visitara ahora.

-¡Tengo a la profesora esperándome!

-Por favor, padre, yo sé que usted es bueno.

(-¡Sí, cuando duermo!)

Después de dialogar con ella acepté acompañarla al Hospital Público de Laredo (Mercy Hospital). Al decirme ella el nombre y apellido y notar que era un nombre gringo le pregunté si su marido hablaba y entendía el español, me dijo que un poco sí, le dije si era católico y me dijo que era de una iglesia cristiana... pero que aceptaría a un sacerdote católico. Le comenté que pasara ella sola a la habitación y me anunciara y si estaba su marido de acuerdo en ser visitado por un cura católico... que me lo dijera. Así lo hicimos.

-¡Pase, pase, mi marido quiere saludarlo!

Pasé, lo saludé y nos entendimos en inglés y español de frontera. No tenía cara de muy enfermo y nos anunció que lo iban a operar de las venas del cuello. Rezamos juntos el Padrenuestro le di la bendición a la pareja. Ellos se besaron y yo entendí que él agradecía a ella el hecho de que me hubiera llevado.

A la salida, en un pasillo del hospital, M saludó a una vieja amiga que estaba en la puerta de una habitación, al decirle que yo era un sacerdote que había ido a rezar con su padre y marido, la amiga me pidió que, por favor, visitara también a su marido. Lo hice. Rezamos juntos y los bendije.

Cuando salimos llamé a mi profesora para decirle que perdonara, que ya llegaba en unos momentos. Llegué y la profesora, que me esperaba pacientemente, me dijo que le contara todo.

Comencé a hacerlo, pero ella me interrumpió:

 -¡En inglés!

Lo hice y ella me iba corrigiendo pacientemente. Al terminar fijamos nuestro próximo encuentro.

-¡Vaya tarde tranquila, que ha tenido, Padre! jeje...

Me decidí a ir a la fiesta-cena en casa de los suegros de PB, para ello busque en Google Maps la dirección, imprimí el mapa y lo puse en el frente en la camioneta. Llegué sin dificultad a las 7:30. Me recibieron con alegría y felicitación y les conté todo... ¡esta vez en español... y dando sorbos a una copa de vino!

Cenamos muy bien: costillas asadas, guacamole, elote tierno, jalapeños rellenos de queso con panceta y asaditos en las brasas, salsas y vino tinto. Rodeado de amigos y amigas disfruté de la cena y la compañía.

Regresé bien de noche a casa sin problemas de orientación ni tráfico, y eso que iba sin documentación: con las prisas del enfermo se me olvidó.

Me esperaban en el salón parroquial el párroco y un grupo de feligreses cenando.

-¿Dónde has estado?

-¿Lo queréis en inglés o en español?

-No empieces.

Completas y a dormir.

sábado, 20 de abril de 2013

OVEJAS Y PASTORES



“Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”.
Antoine de Saint-Exupery, EL PRINCIPITO.

   







 (Sucedió hace unos diez años)

Son casi las doce de la noche y me dispongo a acostarme. Desconecto del mundo y sus afanes y doy gracias a Dios por el día que termina.

   ¡De pronto suena el móvil que aún no había apagado!

  -Sí, diga.

  -¿Es usted D. Atanasio?

  -Sí, yo soy.

  -¿Me conoce…? ¿Se acuerda de mí?

  -… … ¿?

  -A ver… recuerde… soy un antiguo alumno suyo…

  - Ahora mismo no caigo… no sé…

  - Pues usted decía que nos recordaría siempre!

  -¿Ah, si? ¿dije eso?

  - Sí, y que cuando tuviéramos algún problema, que usted nos ayudaría.

  - ¿Cuándo dije yo todo eso?

  - Cuando era nuestro tutor, en sexto de "egebé".

  - ¡De eso hace más de veinte años! ¿no?

  - ¿No se acuerda?

  -Bueno… ¡es que digo tantas cosas…!

  -Sí, pues yo lo recuerdo muy bien. También dijo que siempre sería nuestro amigo, que nos esperaría siempre… y que aunque nos castigaba, nos quería mucho. “Si alguna vez estáis con problemas yo os intentaré ayudar, recordadlo”, decía usted.

  -Pero, ¿quién eres?

  -¡Bah! Seguro que no se va a acordar de mí. Soy Ángel. ¡Ángel Jorge Madrid!

  -¡Sí, ya te recuerdo, Ángel! Empezaste el curso más tarde que los demás porque venías de fuera, desplazado.

    
-¡Síii…! ¡Venía de Palencia! ¿Me recuerda de verdad, D. Atanasio?

- ¡Claro, y recuerdo a tus padres… y a tu hermano pequeño…! ¿Cómo se llamaba?

-¡Jo, gracias, ya veo que me recuerda!. David; mi hermano es David. Y mis padres están bien, pero yo tengo problemas… Bueno, quiero consultarle algo. ¿sabe?... ¡Jo, no sé cómo decírselo…!

-Bueno, ya has comenzado. Te escucho, Ángel.

    Y con interés y emoción recibo las palabras de Ángel.    

 Cuando terminamos de hablar era la madrugada y yo estaba completamente despejado y desvelado. Tumbado en la cama recordé muchas historias, muchas vidas y muchas anécdotas. Y me vino a la mente algo que me sucedió en mi adolescencia:

    Cuando a los quince años dije a mis padres que quería ir al Seminario, ellos decidieron vender el rebaño de ovejas que yo pastoreaba. Era una decisión dolorosa pero necesaria. Mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres y todos mis hermanos habían sido pastores y ninguno motivó la venta del rebaño familiar. Conmigo se acababa una tradición centenaria. Me sentía, en cierta medida, culpable de una ruptura, de un final, de un cambio radical.

     Teníamos unas 250 ovejas a las cuales conocíamos por sus nombres o referencia, por su conducta (etología). Un día gris de invierno las fueron cargando una a una en dos camiones y se las llevaron. Cuando se quedó la majada vacía y silenciosa vi a mi padre llorar intentando disimular. Yo también lloré a escondidas…

    En el otoño siguiente yo ingresé en el Seminario de Arévalo. En el mes de febrero una hermana mía religiosa fue destinada a Uruguay como misionera. Por este motivo hice la primera visita a mis padres y a mi pueblo. Un día quise dar un paseo en bicicleta hasta el río Órbigo. Cuando estaba entre Benavides y Santa Marina, vi en las tierras de la Ribera un gran rebaño de ovejas y me acerqué por un camino agrícola a verlas de cerca. Serían más de quinientas. Cuando estuve cerca me dio un vuelco el corazón ¡al reconocer entre ellas a algunas de mis ovejas!. Me acerqué más y, con la emoción llena, comencé a mirar fijamente a cada una. Había varias;  y mantenían en el rebaño la misma posición que solían tener en el mío. Quería llamarlas pero no me atrevía. Tosí. Tosí varias veces… ¡y primero una y luego otras levantaron la cabeza y balaron!. Yo entonces  las llamé con los sonidos que siempre las llamaba y que habían utilizado siempre mis antepasados. Ellas respondieron levantando las cabezas; y un grupo de unas veinte vinieron corriendo hacia mí. En ese momento un silbido del pastor dio orden a dos perros que  me las arrebataron  y alejaron, esta vez para siempre.

    Fue un instante. Pero quedó bien grabado en lo más profundo de mi memoria, de mi corazón.

(Evangelio de San Juan, 10, 27-30. Dimingo 4º de Pascua)

PD.: Angel hoy es "amigo" en Facebook



jueves, 18 de abril de 2013

CON LA PSICÓLOGA EN EL HUERTO. II





(Continuación)

A los dos días cuando estaba regando el huerto, la doctora Silvia salió de su despacho:

-¡Por fin llegó el riego! ¡Cómo se lo van a agradecer, eh, Padre!

-Sí, y más con el "triple quince" que le eché anoche.

-¿El "triple quince"? ¿Qué es eso?

-El abono granulado que le aporté, se llama así porque lleva 15% de Nitrógeno, 15% de Fósforo y 15% de Potasio. Mire, son estos gránulos que se ven por el suelo.

-¡O sea, que hoy tienen fiesta completa!.

-Eso espero. Ayer les eché el abono y las mullí un poco la tierra ahuecándola y hoy convenía darle un buen riego de inundación bien lenta, con poco caudal y mucho tiempo.

-Ya lo veo, ya. Vamos, como cuando a una persona que se ha mudado de ciudad la invitan los nuevos vecinos a la primera cena o le hacen los primeros regalos... ¿no, padre? jajaja...

-Sí, algo así. Ahora es usted la que compara con personas,... jajaja...

-Oiga, me parece que a algunos de mis clientes los voy a traer al huerto... Quiero decir que les pueden venir bien estas enseñanzas de los chiles y los tomates, las raíces, las humedades y los abonos. ¿No le parece, Padre Ata?

-Usted sabrá, señora Silvia, usted sabrá. Yo ya lo he utilizado en algún sermón con los feligreses.

-¡¿De veras?! ¡Claro, claro si es que puede ser muy aleccionador!

Los días siguientes las matas de los chiles y los tomates hicieron un cambio espectacular: mejor color, hojas levantadas y crecimiento de otras nuevas. Luego aparecieron los primeros botones o capullos y más tarde las flores: ¡agradecieron bien el abono y el riego abundantes!

-Oiga, y lo del riego por inundación tan abundante, ¿por qué? ¿no era suficiente con la manguera o el aspersor que es más rápido?

-Bueno, pudiera ser suficiente, pero a mí, en esta circunstancia, me gusta más el riego de inundación . Quiero estar bien seguro de que el agua, portando el abono disuelto, le llegue a las raíces que han profundizado: ¡el regalo debe llegar a lo más profundo de la raíz y del alma! Si las regara sólo con la manguera, a estilo lluvia, estaría potenciando y premiando lo superficial, lo caduco,¡los antojos y caprichos, vamos!  las estimularía a que echaran raíces superficiales. Y lo tendría que hacer cada día con cierta esclavitud. ¡Mejor la inundación lenta!  Es más duradera, eficaz y libera de estar pendiente por unos días. Incluso llega más allá del terreno que ellas "conocen" y ahora lo pueden colonizar. ¿Se imagina el contento que deben tener aquellas raíces que en los días de sequía y crisis solo se preocuparon de profundizar buscando humedad y Vida?

-¡Ay, padre, ya está "personalizando" otra vez! ¡Y me encanta!

(Continuará)

lunes, 15 de abril de 2013

CON LA PSICÓLOGA EN EL HUERTO. I




El despacho de la Doctora Silvia tiene salida directa al huerto parroquial. Bueno, en realidad la salida es al porche que da al jardín donde yo he puesto el pequeño huerto.

Esa puerta es un pequeño escape: algunas veces la Doctora sale allí a fumarse un cigarrillo, como a hurtadillas; otras veces la utilizan los clientes que no quieren entrar o salir por la puerta de la oficina parroquial.

La Doctora Silvia es psicóloga.

Algunos de los clientes que recibe son enviados por los sacerdotes de la parroquia, otros no. Puede recibir y tratar a personas muy creyentes o devotas y a otras nada creyentes y nada devotas. Algunos cuando llegan o salen les gusta saludarnos y otros no.

Un día en los que yo iniciaba las labores para preparar el terreno donde plantaría mis hortalizas, Silvia hizo un descanso y salió a observar mi trabajo y a darme agradable conversación. Esto se repitió varias veces en los días sucesivos. Poco a poco la amistad se fue acrecentando y la conversación se hizo más distendida y confiada.

A los pocos días de que yo plantara unas matitas de chiles y tomates, Silvia salió a observarlas. Detallista, como es ella, me dijo:

-Padre, parecen sedientas ¿no convenía regarlas?

-¡No! No en al menos dos o tres días más -le aseguré yo.

-Ay, padre, pues yo las veo sedientas, como lacias.

-Y lo están, Doctora, lo están. Pero quiero yo que lo estén.

-¿Por qué, Padre Ata? No lo entiendo.

-Se lo explico, Silvia. Mire: cuando las planté a todas le di una buena ración de agua hasta empapar bien sus raíces y también la tierra que hay debajo de ellas, luego tapé esa humedad con  tierra seca. Pues bien: hasta dentro de unos días no pienso regarlas.

-¿Qué pretende, Padre, con eso?

-¡Que ahonden sus raíces tras la humedad!

Me mira entre asombrada e interesada, como deseando más información y se la doy:

- Mire, si en estos primeros días de su trasplante y adaptación -de su mudanza- le hago la vida demasiado fácil, no se preocuparán de ahondar sus raíces en busca de la humedad, no se prepararán para las grandes dificultades que seguro les esperan durante el abrasador verano texano, no se adaptarán al medio real en el que van a vivir. Al hacerle la vida demasiado fácil y húmeda, no echarán raíces profundas, serán siempre dependientes  del riego diario, se acostumbrarán a vivir como subvencionadas y al menor fallo entrarán en crisis y morirán. En pocas palabras: ¡pretendo que se busquen la vida!

-¡Qué interesante! Pero aquí, en este clima tiene que regarlas, Padre, y estar pendiente de ellas. -Me dice con interés creciente y como si le fuera tomando cariño a las plantitas.

-Lo sé, Silvia, y lo haré, no lo dude. De hecho estoy muy pendiente y las observo cada día, pero no las regaré aun. No me importa que estén un poco lacias y como tristonas: ¡en realidad todos lo estamos un poco cuando cambiamos de residencia...! Pero mire: las hojitas tiernas centrales están muy vivas.

-¡Ay, Padre, qué interesante: me está comparando a los chiles y los tomates con las personas!

-Bueno, hay una gran diferencia, jaja... pero a veces podemos aprender mucho de la naturaleza...

-¡Y que lo diga, Padre, y que lo diga, estamos de acuerdo! lo tendré en cuenta.

(Continuará)