jueves, 29 de diciembre de 2022

QUIERO UNA MISA

-¿Don... Atanasio Serrano?

-Sí, soy yo.

-¿Es usted sacerdote, verdad?

-Sí, sí.

-Buenas tardes, Don Atanasio. Le llamamos de los servicios funerarios de Alcalá de Henares.

-¡Ah! buenas tardes.

-D. Atanasio, le queremos pedir un servicio religioso en el Tanatorio. 

-Bien, dígame.

-Mire, perdone que le llamemos a esta hora de la tarde del 24 de diciembre; ya sé que puede parecer una especie de encerrona, sabiendo que hoy es Nochebuena y estará usted con su familia y todo eso; si no le es posible, pues nos lo indica y ya está; lo compremderemos.

-Bueno, dígame de qué se trata.

-Pues, Don Atanasio, exactamente de esto: ¿Estaría usted dispuesto para tener una misa o "algo" mañana, día de Navidad en la capilla del tanatorio a las 7:00 de la mañna?

-Pero ¿En qué tanatorio es?

-Pues en el de aquí, el de El Cementerio Jardín.

-Pero... ¿De Alcalá de Henares?

-¡Sí, sí, claro! 

-Ya... pero es que... yo ya no vivo en Alcalá. Desde agosto estoy en Guadalajara.

-¡Ay, perdone Don Atanasio. Entonces, nada. No lo sabíamos! Déjelo y perdone. Que tenga usted una buena noche. Feliz Navidad.

-¡Espere! Pero ¿Por qué me llamaron a mí? ¿Le dieron mi nombre los familiares del difunto? ¿Es que me conocen? ¿Cómo consiguieron mi contacto?

-La familia no tiene nada con usted, solo piden, muy insistentemente,  tener algo cristiano antes de la incineración.. Mire, es un caso un poco "especial"... ¡un poco duro!. La difunta es una mujer joven. Muerte repentina. Y está su madre, anciana, toda la tarde solicitando un sacerdote: ¡dice que no puede despedir a su hija sin una misa!

-Pero, ¡ahí hay misa mañana! ¿No?

-Sí, pero la misa del capellán es a las 9:30 y la incineración está a las 8:00. Le hemos llamado a usted porque tenemos un papelito, una nota de usted, en la cual se ofrece para venir, si no hubiera sacerdote y la gente lo reclamara. En la nota dice usted que vive cerca. Pero, claro si ha cambiado de residencia...

-¡Ah! ¡Ya!: ¡esa nota la entregué en sus oficinas en marzo de 2020, cuando el confinamiento de la pandemia!.  

-Sí, eso es. Me dicen que vino usted unas cuantas veces.

-Sí, fui más de treinta veces. Mire: pásele mi contacto a los familiares de la difunta y que me llamen. Quiero hablar con ellos. 


Un poco antes del rezo de Vísperas, me llamó la hermana de la difunta 

La escuché.

La escuché con el alma.

Mucho dolor. Mucha angustia. Mucho aturdimiento. Mucha tiniebla en torno. Mucho deseo de Luz.

-Vale. Iré yo. 

-¡Madre, que va a venir el cura por la mañana!...(llanto). ¡Tendremos Misa, madre! Muchísimas gracias, señor cura; ¡Que sí, madre, que sí, que va a venir!  Sr. cura, piense que la incineración de mi hermana será a las 8:00...(llantos).

-Sí, lo sé. Procuraré estar ahí, por lo menos, una hora antes.

En la concelebración  de la Misa del Gallo me distraje varias veces: mientras sonaban los alegres villancicos yo oía los gritos y llantos de madre e hija y me las imaginaba solas en la sala del tanatorio ante el ferétro de su hija y hermana. Pedí al Niño Jesús que les mandara un poco de Luz, le pedí por ellas.

Me acosté pasadas las 2:00 y puse la alarma para que me despertara el móvil a las 6:00. Dormí poco, pero bien.

Antes de partir abrí la puerta de la capilla de la comunidad y le pedí al Señor del Sagrario que también a mí me prestara algo de su Luz.

 Se me concedió oscuridad: salí a la carretera. Muy solitaria. La noche era calmosa y dormida, pero muy oscura y con una neblina que no se veía nada. Como llevaba un coche al que no estaba muy habituado y no dominaba bien, no supe poner las luces de niebla, ni la ventilación interior para evitar la condensación de vaho.

 ¡No veía nada! Me coloqué en el carril central y abrí la ventanilla. Me puse a rezar el rosario en voz alta. Creo que algunos de los pocos coches que me adelantaron, sospecharon de mi salud mental.

A las 7:00 llegué al tanatorio. Pregunté en recepción si podía celebrar una Misa, o solo tener "algo".

-¡Sí, padre, MISA! y se lo agradecemos mucho porque la familia nos insistió bastante. Le esperan ahí, en la sala. 

Había varias salas con difunto, pero solo en una había familiares velando: ¡la mía!

Oyeron mis pasos por el pasillo de los muertos y salieron rápidos a recibirme. 

-¡Soy el cura! -les anuncié- ¡Soy el Padre Atanasio!

Vinieron varios hacia mi: -¡Muchísimas gracias, padre! ¡No sabe cuánto se lo agradecemos! -gritó la hemana entre sollozos, levantando los brazos- Pase dentro que ahí está mi madre.

Pasé y saludé a la madre dolorosa y a todos los demás. Me quedé un ratito en silencio mirando a la difunta. Se fueron acallando los gemidos. Inicié la oración, el responso. "En la casa de padre hay muchas estancias... voy a preparos un sitio" (Jn 14,2).

Luego fuimos a la capilla. Éramos 10 o 12 personas vivas y la difunta.

Como aún no había amanecido, celebré la Misa de la Aurora. ¡Qué belleza de liturgía!: "Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor.." (Entrada y Salmo); "Concede, Dios Todopoderoso, a los que vivimos inmersos en la nueva luz de tu Verbo hecho carne, que lo que brilla por la fe en nuestro espíritu resplandezca en nuestras obras..." (Colecta); "María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón" (Evangelio).

Terminada la misa los acompañé en el acto de despedida definitiva de la difunta del mundo de los sentidos. 

-Dentro de unas horas vengan a recoger las cenizas, les dijo el funcionario mientras se llevaba el feretro.

Los acompañé hasta el jardín.

Me despedí de la madre dándole una bendición; ella me dio un abrazo.

Había luz.

Había horizonte. Estaba amaneciendo. La niebla se estaba levantando.

Alrededor de la cruz que está en lo alto de la colina, revoloteaban unas garcillas blancas.

Había sol. ¡Era Navidad!.


P.D.- Llevaba yo, desde hacía varios meses, pidiéndole a Dios que se me concediera la gracia de tener una Misa en mi nuevo horario. Una hora y un lugar para celebrar la Eucaristía. Desde que cesé como párroco en el mes de agosto me quedé sin horario, sin feligreses, ¡sin misa!.

¡Y esto es lo que peor llevo!

¡QUIERO UNA MISA, SEÑOR! ¡QUIERO UNA MISA! Repetía como niño con antojo.

En la meditación de la mañana de ese 24 había estado pensando (y pidiendo) dónde podría celebrar por el día la Misa de Navidad. Estaba claro que concelebraría en la Misa de Medianoche (Misa del Gallo). ¿Pero por el día? ¿Dónde?

¡GRACIAS, DIOS, TUS REGALOS SON PERFECTOS!

Atanasio Serrano García. 

(Diciembre 2022)   


miércoles, 30 de enero de 2019

HABÍA UNA VEZ...



Había una vez un campesino pobre. Era tan pobre que ni siquiera tenía campo para trabajar. Ni bueyes, ni carreta, ni semillas. Tenía una mamá anciana que vivía con él, una esposa buena, cuatro gallinas y un hijo travieso y protestón que se llamaba Antonio. También tenía una cabaña de tres paredes con un tejado roto.
- ¿De tres paredes? ¡Sería de cuatro, hombre!
- Bueno era de cuatro, pero la cuarta pared no era suya, era de la casa del señor Biglione, que tiene nombre de millonario rico, dueño de la tierra, los bueyes y las semillas y también del trabajo de los campesinos pobres.
El campesino pobre se llamaba Francesco (se lee “Franchesco”). Y a pesar de ser muy pobre era un hombre feliz porque también tenía un corazón muy bueno, muy bueno y una fe total en Dios.

Un día su esposa enfermó gravemente. Y en pocos días murió por no tener médico ni medicinas. 
Francesco se quedó muy triste y no quería comer ni trabajar, Antonio, el hijo protestón y travieso, comenzó a protestar y a hacer travesuras, la abuela solo rezaba en silencio y lloraba con lágrimas secas y la cabaña se llenó de frío y de goteras.
Los vecinos vinieron a la cabaña de Francesco para consolarlo un poco, quitarle las goteras y ayudarle a rezar con la abuela. Las vecinas le trajeron patatas asadas para él y para Antonio y unas sopas de ajo para la abuela. Encendieron el fuego y se calentaron todos.

Al día siguiente una vecina joven, trabajadora y de ánimo alegre, que se llamaba Margarita, trajo a la cabaña un mantel para la mesa y unas sábanas planchadas para la cama de la abuela y en el fuego cocinó una polenta para comer todos. Antonio el protestón dijo que no quería polenta y Margarita fue a ver las gallinas, encontró un huevo y se lo hizo frito con patatas. Pero Antonio protestó porque las patatas tenían poca sal. Francesco, que tenía un corazón muy bueno y agradecido, le agradeció mucho a Margarita todo lo que hacía por él y su familia y como no tenía ningún regalo para darle, la invitó a rezar una oración con él. A Margarita le gustó mucho este regalo tan original de aquel hombre tan bueno y prometió volver más días.

Margarita cumplió su promesa y al día siguiente volvió y trajo dos tiestos con flores. Las semanas siguientes venía cada dos días a casa de Francesco; y cada día traía una cosa distinta: un cesto para el pan, un sombrero para Francesco, una gallina más para el gallinero, un catecismo para Antonio o una manzana asada para la abuela. Hacía polenta, un huevo con patatas para Antonio, levantaba a la abuela y rezaba con todos.

Un día Francesco le pidió a Margarita que viniera también por la tarde a ayudar a hacer los deberes de Antonio, a preparar la cena y a rezar el rosario. Margarita dijo que sí. Aquella noche, después de cenar, él la acompañó a su casa y, cuando llegaron, Francesco le dijo que quería casarse con ella, que la quería mucho, que la quería como esposa. Ella se puso roja y un poco nerviosa y entró de prisa en su casa. Aquella noche casi no durmió nada. Por la mañana se lo contó a sus padres. También le dijo que Francesco era un hombre muy bueno, que él necesitaba su ayuda y que ella también lo quería mucho.

Francesco y Margarita se casaron. La alegría inundó la cabaña y se convirtió en casita, ya no era cabaña.

Al año de casarse nació un niño precioso y en el bautizo le pusieron de nombre Juan. Juanito solo lloraba cuando tenía hambre o su hermano Antonio le hacía alguna travesura pesada. Cuando dormía movía los párpados y la cabeza, como si estuviera soñando. Margarita lo llevaba al campo donde trabajaban ella y Francesco. Así cuando abría los ojos veía el cielo, las nubes, los pájaros, las espigas de los trigales, las ramas de los árboles y a todos trabajando.

 - Todo eso, Juanito, lo hizo nuestro buen padre Dios para ti, son sus regalos - le decía Mamá Margarita.

Cuando aprendió a hablar y a andar un poco, salía a explorar cerca de la casita intentando contar todos los regalos de Dios: los renacuajos en la charca, las mariquitas en el rosal, las flores del prado, las montañas lejanas, el vuelo de la cigüeña, el cri, cri, cri de los grillos, el rebuzno del burro… ¡eran tantos!

Un día le dijeron que iba a tener un hermanito. Y a los pocos días nació José.
Juan quería decirle a su hermanito todas las cosas que había descubierto, todos los regalos de Dios; pero Mamá Margarita le dijo que era demasiado pronto, que a su tiempo lo entendería; y él siguió coleccionando regalos de Dios.

Un día de truenos y rayos papá Francesco llegó a casa mojado por la lluvia y el granizo y sudoroso del trabajo. Se sintió mal y se acostó. A la mañana siguiente había mucha gente en casa y fuera de ella. Mamá Margarita abrazó fuertemente a Juanito y le dijo:
   -   “Juanito, hijo, ya no tienes padre, papá Francesco ha muerto”.
Juan no entendió nada y miró fijamente a las lágrimas de los ojos de su madre.
     -  Pero papá Dios no muere nunca y nos seguirá cuidando siempre. –Dijo Margarita- y lo abrazó otra vez.

Esas palabras y esa cara de su mamá quedaron para siempre grabadas en el corazón de Juanito: “Papá Dios no muere nunca y nos seguirá cuidando siempre” … siempre… siempre…
Cuando enterraron a Francesco Bosco la desolación volvió a la casita, tanto que si no es por Margarita se hubiera convertido otra vez en cabaña.
       -  ¡No quiero oír nada, ni ver nada, ni saber nada; no quiero estar en esta casa! –Dijo Antonio. Y salió dando un fuerte portazo y corriendo por los campos sin camino ninguno.
El corazón de Margarita salió corriendo tras él. Y con el corazón fueron los pies, la cabeza y todo el cuerpo.
José estaba durmiendo en su cuna junto a la abuela y Juanito Bosco fue a decirle:     -   José, Papá Dios te cuidará siempre y yo también.

         (Continuará)


jueves, 29 de diciembre de 2016

¡ME HAN ENCERRADO EN LA IGLESIA!



Todas las mañanas tenemos la Iglesia abierta de 10:30 a 13:30.
No viene mucha gente, la verdad. Esta mañana solo han venido tres personas. Entran, rezan unos minutos y se van.

-Yo quiero ver el belén, que todos los años lo dejan muy bonito. ¿Lo puede encender, por favor?
-Sí, claro.
-¡Precioso, como siempre! Muchas gracias.

Cuando son las 13:15 y previendo que ya no viene nadie más me dispongo a cerrar el templo. Apago el belén, apago los lampadarios, corto los villancicos de la megafonía y me voy a la puerta para sacar la bicicleta e irme a casa.
 Me suena el móvil:

-Sí, dígame!
-¡Oiga que me ha dejado encerrada en la iglesia!
-¡¿Como!? ¿En qué iglesia?
-¡En esta! ¡En la de San José!
-Pero... ¿Dónde está Usted?
-Pues, ¡encerrada! ya le digo. Entré para ver el belén, lo apagan, cierran y ¡me he quedado dentro!
-Pero... ¡si no está cerrado aún! iba a cerrar pero aún no he cerrado. 
-Pues, ¡yo no puedo salir!
-¿Por qué? venga hacia la puerta, que estoy yo aquí, que está abierta!
-¡No! ¡aquí no veo a nadie, estoy yo sola! ¡Y la puerta está cerrada!
-¿Pero dónde está usted?
-¡Junto al belén! lo estaba admirando, contemplando, Apagan, cierran y aquí me he quedado. El horario ponía que era hasta la una y media,  ¡y aún quedan más de de cinco minutos! ¡Que es algo que no entiendo, la verdad!
-¡Que no, que aún no he cerrado! ¡Y la verdad, no sé donde está usted!
-Pues yo no puedo abrir, y quedarme aquí hasta las seis de la tarde... pues no me hace gracia, me parece demasiado.
-Mire, escúcheme: venga hacia la puerta, por favor.
-No, si ya estoy junto a la puerta, ¡está cerrada!.
-Pero...¡no puede ser! ¿En qué puerta está?
-En la de la calle.
-¿Qué calle?
-¡¡Pues la de la Calle Alcalá. Calle Alcalá número cuarentaitrés, la de la iglesia!!
-Yo le hablo desde la Iglesia de San José de Alcalá de Henares!
-¡¡UUFFF!! ¡Yo estoy en la Iglesia de San José de Madrid. De la Calle Alcalá, cuarentaitrés! ... Ya veo que me he confundido al buscar el teléfono con el móvil.
-Nos vamos aclarando. Vaya colección de coincidencias... Y ¡Vaya lío!
-Oiga: ¿Usted no me podría ayudar a salir de aquí?
-Bueno... lo intentaré. Tranquilícese unos minutos, yo la llamaré de nuevo. Voy a intentar ponerme en contacto con alguien de esa Parroquia.

Lo hago y hablo con el responsable.
-Creo que han dejado a una persona encerrada en la iglesia.
-¿Quién es usted?
-El párroco de San José... pero de Alcalá de Henares. Ella me ha llamado a mi.
-¡Vaya! jajaja... No es la primera... Ni será la última... jajaja ... Ahora voy a abrirle.
-Gracias. ¡Feliz Año Nuevo!

Llamo de nuevo a la "encerrada":
-Soy yo: el de la Iglesia a San José de Alcalá de HENARES.
-¡Ay, sí!
-Que ya he contactado con los de ahí. Que van a abrirle.
-¡Gracias! ¡Qué amable es usted! ¡Muchas gracias! ¡Vaya coincidencias, eh!
-Pues sí... Jeje. Cuando salga, y tenga tiempo venga a Alcalá de Henares a ver nuestro Belén, que seguro que es tan bueno o mejor que ese.
-Jajaja...Seguro que sí.
-Ya lo creo. Y tiene menos visitas...!


 Atanasio Serrano. Diciembre 2016


lunes, 26 de diciembre de 2016

VISITA "CULTURAL"



Cada año durante el tiempo de Adviento, en la parroquia se monta el “belén.”  Un grupo de feligreses, dirigidos por el párroco, se encargan de hacerlo. Es un “belén” de los llamados bíblicos, artísticamente realizado y con muchos detalles.

El año pasado (2008), una semana antes de las vacaciones de Navidad, dos profesoras de religión de primaria de un colegio público del barrio nos pidieron venir a verlo con los niños. Eran los más pequeños: los de 1º y 2º curso que daban religión en el colegio.
   Lógicamente les enseñamos el “belén” y se lo explicamos al detalle. Lo “enchufamos” para que manara la fuente, sonara el torrente, se hiciera la noche y el día y se apareciera el Ángel a los pastores.
    Como sobraba tiempo les enseñamos más cosas de la iglesia, del templo. Les seguimos contando la historia de Jesús (Kerigma) y de sus seguidores los cristianos. Les hablamos del Bautismo de Jesús en el Jordán y les mostramos la pila bautismal, donde muchos de ellos habían sido bautizados. Al ver las imágenes de la Virgen María y de San José les hablamos de la familia de Nazaret. Hablamos del grupo de amigos de Jesús y de la última cena y rodeamos el altar mayor. Les llamó mucho la atención cuando les explicamos el ara con reliquias de algún santo. Narramos y recordamos alguna parábola y vieron el ambón con los libros de las lecturas. En la Capilla del santísimo, ante el Sagrario, rezamos una oración. La mayoría de ellos habían venido a misa o a otra celebración con sus padres y en algunos detalles se adelantaban a lo que les contábamos. Nunca habían visto el incensario y se quedaron con las ganas de verlo encendido.
   
En un ángulo del fondo de la nave, cerca de la puerta de la calle, hay una imagen en tamaño real de Jesucristo muerto en la cruz. Los llevamos cerca para hablar de la Pasión y muerte. Algunos mostraron sentimientos de dolor o pena. La mayoría conocía la imagen:
    -¡Mi abuela viene aquí a rezar y echa una moneda para que se encienda una vela! Yo la acompaño y me gusta.
    Siguen mirando a la imagen. Hacen silencio…
    -Se murió y lo enterraron pero después vivió otra vez ¿a que sí?
    -Sí, es verdad: resucitó y sigue vivo. Por eso ahora nosotros podemos seguir siendo sus amigos, su grupo.
    Y les mostramos la imagen de Cristo Resucitado que preside desde el retablo mayor. Algún niño inició un aplauso que seguimos todos.
    A la salida nos felicitamos mutuamente la navidad y les regalamos a cada uno un calendario con la imagen de la Virgen.

     En los primeros días del mes de Enero, una vez reiniciadas las clases, nos llamó la directora del colegio para preguntarnos si seguía el “belén” en la parroquia. Al decirle que sí nos pidió que se lo enseñáramos también a los niños que no daban enseñanza religiosa. Pero “sólo como visita cultural”. Es que algunas madres (cuatro o cinco) y algún profesor protestaron porque unos niños tenían salidas culturales y otros no.
    Le dijimos que por nuestra parte no había problema.
    La visita fue prácticamente igual que la de los alumnos de religión de antes de la Navidad. La oración ante el Sagrario no la hicimos todos, la hicimos sólo nosotros, “como algo cultural…”

     Cando llegamos a la imagen de Cristo muerto en la cruz la reacción del grupo fue muy distinta: hicieron gestos de horror, muecas de repulsa y uno gritó con voz bien clara:
    -¡¡Qué asco!!
   No le pudimos mostrar la imagen del resucitado: el maestro y la maestra que los acompañaban comenzaron a organizar la vuelta al colegio y nos dijeron:
    -¡Nos vamos!
    Y sin más se fueron.
    A los dos días recibimos una llamada de la directora pidiendo información sobre la visita del segundo grupo de alumnos. Estaba un poco molesta porque algunas madres (cuatro o cinco) habían protestado y llevado el caso al consejo escolar porque en la visita a la iglesia le habíamos mostrado a los niños “imágenes no adecuadas.” 

 (Atanasio Serrano, HISTORIAS CONTADAS, CCS, MADRID 2011, Páginas 154-156)

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Navidad

EL INVENTOR DE CARAMELOS


Érase una vez, hace ya bastantes años, un alquimista obsesionado por descubrir la Piedra Filosofal. Aquella piedra que convertiría cualquier objeto en oro de ley.

Tenía el laboratorio experimental en el semisótano de la casa familiar y a veces su mujer y sus hijos le daban ideas nuevas o sugerencias por dónde podían ir las cosas.
Un buen día al ver a su mujer freír unas fiyuelas, que entraban blancas en la sartén y salían doradas, gritó:

- ¡EUREKA! ¡Ya lo tengo!

Y acto seguido, con los ojos casi fuera de sus órbitas, apartó decidido el matraz de tres bocas y agarró con fuerza el mango de la sartén. Volcó en ella el recipiente de azúcar blanco y se puso a freírlo con un entusiasmo desmedido.  ¡Toda la hora de la siesta estuvo dando calor y removiendo con la esperanza de que antes de la noche llegaría, por fin, la Piedra Filosofal!
El azúcar caliente se fue derritiendo y pasó a convertirse en una pasta viscosa y... ¡DORADA!.
Cuando le pareció que ya tenía bastante calor y vueltas, la fue dejando enfriar para ver si precipitaba y se hacía una piedra.

Se hizo una pasta transparente pero no como el cristal, dorada pero no como el oro y dura pero no como una piedra.

-¡¿Qué es esto? ¿Que tenemos aquí?!
Al intentar sacarlo de la sartén se le rompió en varios trozos. El alquimista tomó uno pequeño y lo llevó nervioso a su boca.

-¿A qué sabe, papá? dijo su hija pequeña.
-¡A rico!! gritó el padre.
Y el hijo mayor tomó un pedazo mediano, lo miró y remiró y dijo:
-Es bonito, tiene buena CARA
La niña pequeña no aguantó más y tomó un trozo grande. Sin pensarlo lo llevó a su boca diciendo:
-ME LO quedo para mí sola!!
-¿Cómo le llamaremos? preguntó su esposa, que había estado callada y un poco mohína y preocupada por su azúcar, su sartén y su cocina.
-Pues...!CARA-MELO! como ya han dicho los chicos.

La familia enseguida se dió cuenta que aquel invento podía ser rentable y decidieron ponerse manos a la obra. En una semana tenían fabricados más de diez sartenes de caramelos, que la madre llevó al mercado.
Comenzó a pregonarlos:

-CARAMELOS! RICOS Y DULCES CARAMELOS!!
Nada más oír lo de dulces un grupo de niños acudió corriendo.
Los llevaba sin envoltorio alguno; clasificados por tamaños: grandes, medianos y pequeños.
-¿Se pueden probar antes de comprar? preguntó una mamá meticulosa con al menos siete hijos a su alrededor.
-¡Sí, se pueden probar! Cedió la esposa del alquimista.
Y cada uno tomó un trozo y comenzaron todos a darle lametones, cambiando constantemente de pedazo para ver si todos sabían igual o parecido. Otros que llegaron también querían probar y la mercancía vino a ser una colección de dulces babas .
Los vendió todos, pero regresó a casa decidida a no dejar probar a nadie más.
Con el dinero obtenido de la venta compró una buena cesta de frutas frescas y variadas.
Su hija pequeña, que, aunque pequeña, era muy lista, comenzó a echar chorritos de distintas frutas en cada sartén que el papá preparaba. Luego todos comprobaban el sabor:
-¡A limón! ¡a pera! ¡a fresa! ¡a sandía!
-¿Has cortado la sandía? -¡¡Pero si era el postre para el domingo, que tenemos invitados!!

Llegó la madre al mercado. Esta vez acompañada de la niña pequeña y lista:
-CARAMELOS! RICOS Y DULCES CARAMELOS!!!
-¡¡CON SABORES DE VARIADAS FRUTAS!! gritó la niña.
Como anunciaron varios sabores todos querían probar si era verdad antes de comprar y qué sabor le gustaba más.
-¡No se pueden probar! dijo la esposa del alquimista, seria y con autoridad.
-Pues si no pruebo, no compro! dijo la madre de siete hermanos.
Y de nuevo probaron todos. Y las babas y las huellas de los dedos volvieron a ser de servicio público o comunitario.
Por el camino de vuelta la niña dijo a su madre que para la próxima vez los iban a llevar envueltos en trozos de papel. Y así lo hicieron la semana siguiente. Pero como era papel de barba, del que usaba el notario, no se veía lo que había dentro y en el mercado tuvieron que abrir cada caramelo para saber qué sabor había dentro.
-Es mejor que pongamos por fuera el nombre de la fruta que da el sabor. Dijo la madre. Y así lo hicieron: Limón. Pera. Fresa. Sandía. Pero la tinta se mojó y se corrió por todo el papel.
-¡Tengo una idea! dijo el hermano mayor que había tomado el puesto de su padre en la sartén
-¿Qué idea? dijo la hermana pequeña
-¡Pongamos envoltorios transparentes!
-¡Buena idea!

Y toda la semana estuvieron fabricando caramelos y envolviendolos en envoltorios transparentes.
Como aquello supuso un notable éxito, poco a poco se fueron especializando, llegando a hacer verdaderas obras de arte con los variados celofanes de los envoltorios.
-No hace falta que hagáis los trozos tan grandes. Vamos a reducirlos a la mitad, pues el envoltorio también vale y es muy atractivo. Habló el hijo mayor de nuevo.
Y toda la familia se fue especializando en envoltorios!.
Cada semana hacían los envoltorios más vistosos, más grandes, más envoltorios y... ¡menos caramelo!
-¡Ahora sí que ganamos! dijo el padre, que exigió poner su nombre de inventor en cada envoltorio.
La hija pequeña se especializó en envolver diminutos caramelos en envoltorios grandes y preciosos: con forma de mariposa, de tirabuzón, de tesoro, de libélula... muchos envoltorios.
La gente en el mercado ya no probaba ni miraba el tamaño, solo le interesaba el celofán y su atractivo de formas, colores y contrastes.
-Póngame  cinco color rosado y blanco y otros cinco verde musgo!.
Cada semana era más pequeño el caramelo y así gastaban menos en azúcar, tiempo y calor.

Un día la niña pequeña y lista dijo:
-Vah!! yo creo que ya no hace falta poner caramelo, solo vale para manchar y pringar todo!! Con los envoltorios bien puestos vale y la gente nos lo va a agradecer porque se mancharán menos y para regalar quedan genial!

¡Desde aquel día toda la familia vende caramelos sin caramelo y la gente engañada y tan contenta lo celebra feliz!


.............................................MORALEJA.........................................................................................

Jesús es el Caramelo de la Navidad.
Él es el que da sabor.
Las luces, los disfraces, las reuniones, las cenas, la lotería, el árbol, el belén, los villancicos, las felicitaciones, las vacaciones, los encuentros, el turrón, los confites, las rebajas. los regalos, los viajes, las cestas y lotes, los conciertos, los horarios especiales, Santa Claus, Papá Noel y los Reyes Magos... son envoltorios.

¿Tienes muchos envoltorios?
¿Te quedaste sin CARAMELO?


Atanasio Serrano. Navidad 2016


martes, 15 de marzo de 2016

EMIGRANTES Y REFUGIADOS



"Emigrantes
    No hace muchos años la introducción o prólogo a un documento sobre el fenómeno de la emigración/inmigración, me llamó la atención y me hizo pensar. El documento era de un grupo de la Iglesia en España. Comenzaba más o menos así:

   “Damos gracias a Dios por el fenómeno de la emigración, porque es para nosotros una oportunidad de mostrar  un corazón abierto a otros hermanos de otros países, lenguas, culturas y religiones; para mostrar la universalidad y catolicidad de la Iglesia(al sentido).

   Y digo yo: ¿Qué pensaríamos de una congregación de hospitalarios u hospitalarias, de una ONG de médicos o enfermeros voluntarios que tuviesen entre sus fines y actividades el socorrer y curar a heridos y mutilados de una determinada guerra tribal cruelísima y emitieran un documento en el que dieran gracias a Dios por la existencia de esa guerra, porque gracias a ella  tienen ellos la oportunidad y la dicha de realizar su vocación de servicio? ¿No nos parecería más lógico que dedicaran buena parte de sus esfuerzos a tratar de parar esa guerra? Sin dejar de atender a los heridos habría que descubrir y dialogar con los líderes de ambos bandos, escuchar sus argumentos y tratar de llegar a una paz justa. 

   Pues bien, creo que al fenómeno mundial de la emigración humana forzosa se le está aplicando el ambientador para no ir al origen o a la causa. Proliferan, con toda la mejor voluntad, casas de acogida, programas de inserción y apoyo, programas escolares adaptados a los que llegan, voluntarios para gestionar papeles y ayudas diversas. Esto es necesario mantenerlo e incluso incrementarlo, pero hay que luchar mucho más contra las causas: ¡que poco se ve analizando y denunciando las causas de la emigración! Y no sólo analizando, sino operando y modificando. ¡¿Dónde están los profetas?! ¡¿Dónde sus denuncias!?


   A Cáritas de nuestra parroquia llegan muchos emigrantes ¡con permiso de residencia y prohibición de trabajo! ¡No me digan que esto no es un buen ambientador!: se da permiso de residencia para aparecer ante el mundo y en sus relaciones internacionales como país abierto y acogedor, modelo de democracia integradora, etc. Se niega el permiso de trabajo para no incrementar desmesuradamente las cifras de parados. Con esto, claro, se potencian las mafias internacionales de tráfico de emigrantes porque pueden ofrecer a sus víctimas permiso de residencia en un paraíso con sanidad y educación gratis. Eso sí: para sobrevivir tendrán que trapichear, someterse, prostituirse de una forma o de otra; pero como estas cosas se hacen en lo oculto, no se ven y por tanto ¡no existen!

   Dejo constancia, para ser consecuente, de las principales causas de la emigración forzosa (la voluntaria se llama turismo…):1. Guerras, contiendas civiles y carencias de derechos humanos.
2. Tipo de  desarrollo económico y modelos de poblamiento.
3. Rutas internacionales y globalización. Leyes de comercio internacional, finanzas, subvenciones y proteccionismo.4. Receptividad a los emigrantes en los países industriales avanzados.5. Cambio del clima y desastres “naturales”.Si lo pensamos serenamente, veremos que en todas las causas influye nuestra conducta (también en la 5), nuestro estilo de vida y de organización social, nuestros estados “avanzados” y nuestros gobiernos. ¿Quizá por eso es más difícil de solucionar? ¿Quizá por eso se nos intenta ocultar ?"
        (Atanasio Serrano, HISTORIAS CONTADAS, CCS Madrid, 2011, págs. 125-126)


           Lo escrito hace años para emigrantes creo que vale para la actual crisis  de refugiados.
           Y ahora les invito a ver este vídeo 

lunes, 5 de enero de 2015

UN POCO DE TIERRA



Buena parte de la mañana de este 5 de Enero de 2015 la he pasado en un centro comercial.
Tenía que encargar (comprar!) algo que los Reyes Magos deben dejar esta noche a cada uno de mis hermanos de Comunidad.
 Eran tantas las ofertas que tenía delante y había tantísima gente comprando que me llegué a agobiar y por varias veces desee volver a los días en que cuidaba el rebaño de ovejas en la soledad del monte. 
Pocas veces me había visto envuelto en una muchedumbre de compradores compulsivos como hoy. 
Vi cara a cara al Consumismo, me hizo un guiño y  me asustó.

Por la tarde seguía dándole vueltas al asunto.

Por eso me fui al huerto y me puse a remover la tierra mientras meditaba. Me distrajo el gato "Manolo" que vino ronroneando hasta mí mendigando atención y una caricia.

En esto recibo un "WhatsApp" de un sacerdote de un grupo de oración:
"Mensaje que acaba de mandarme Sor Charo, una Hija de la Caridad, que trabaja en un orfanato en Salamanca:
Padre, terminamos de acompañar al Campo Santo a un señor de 55 años que fue niño de la Residencia desde los 6 años. Solo hemos estado las hermanas y dos compañeros de Residencia.
Enterrado en "fosa común". Recogimos un poco de tierra de otra tumba de al lado pues no tenía suficiente tierra la suya. Los pobres comparten hasta en la tumba.
Hermana Tierra recobra este cuerpo que quiere descansar hasta el día de su Resurrección.



Se me parte el corazón al verme tan lleno de tantas cosas cuando los pobres no tienen ni un poco de tierra con la que cubrir sus despojos.