domingo, 20 de octubre de 2013

¡NADA! ... ¿NADA?



Hoy me levanté un tanto amostazado (1).
Está visto que cuando uno no descansa bien se le revuelven los humores.
¡Toda la noche oyendo los infernales ruidos de una discoteca cercana!
Música que más parecía un aporrear de bidones, gritos de la noche, acelerones de motores, carreras de autos, risas y carcajadas, riñas y disputas...
¡Un coñazo! (2) con perdón.
Así que cuando llegué a la iglesia a las 9 de la mañana aún me duraba el mal humor. Para esas horas el barrio estaba tranquilo y eran pocos los que se veían por las calles.
Y me vinieron las ganas de la venganza.
Cuando a las 10:30 llegaron los jóvenes músicos para ensayar las canciones de la Misa, yo conecté la megafonía exterior del templo. Por si alguno de los ruidosos de la noche dormía cerca que se enterara.
Antes de comenzar la Eucaristía me sosegué ante el Sagrario y me fui a cortar la música exterior, pero unas feligresas que venían a la celebración me dijeron:
-¡Qué alegría da escuchar desde la calle estas canciones!
-¿No se molestará algún vecino?
-¡Que va! ¿A estas horas? ¡ Peores son los ruidos de la noche!
-¡Qué me van a decir a mí!
Así que lo dejé.
Durante la Misa de 13:00 salí a ver la calle. Había más gente y el parque estaba poblado. Sonaba muy bien de fondo el rezar y catar de la megafonía eclesial.
Tres mujeres, por lo menos, quizá cuatro, pasan por delante del templo: una abuela, una madre y una nieta. La madre va empujando un carrito donde es posible vaya otra bebé. La nieta, de unos cuatro años, es atraída por la música religiosa y se queda rezagada. Pregunta:
-¿Qué es eso?
-¡NADA! dijo la madre.
La niña se queda parada intentando ver lo que hay dentro. La abuela la espera.
-¿Qué es eso? vuelve a insistir.
-¡Pues una iglesia! dijo la abuela.
-¡NADA! ya te he dicho que NADA; ¡y date prisa!
-¡Pues yo quiero entrar!
-¡Te he dicho que te des prisa o te quedas sola!
Y se va quedando sola... 
La abuela quiere seguir a la hija y quiere esperar a la nieta, duda. Y le pregunta:
-¿Quires entrar ahí?
-Sí.
-Eso es una Iglesia. Es para rezar. ¿Tú quieres rezar?
-Sí.
-¿De verdad quieres rezar?
-Sí.
-Bueno pues entonces cuando volvamos, si está abierta, entramos las dos. Ahora date prisa con mamá.


Atanasio Serrano
20 de Octubre 2013

(1) Amostazar: Irritar, enojar.
(2) Coñazo: Persona o cosa latosa, insoportable. 



domingo, 13 de octubre de 2013

DOS HOMBRES SOLITARIOS Y UNA MUJER SOLA



Me gusta tener la Parroquia abierta. 
Me refiero al templo. Como no me atrevo a  dejarla abierta sin nadie cuidando, me veo obligado a estar mucho tiempo por allí o a pedir ayuda a otras personas.
Procuro iluminarla suavemente, que esté limpia y ordenada y algunas veces pongo música relajante de fondo. 









La Iglesia está cerca del Paseo del Río, por donde pasean constantemente muchas personas. Está entre dos 
colegios y un parque con juegos infantiles. Las viviendas y las tiendas están al otro lado de la calzada.

Creía que iban a pasar muchas personas a rezar.
O a pensar.
O a ver.
O a descansar.
¡O a algo!
¡Nadie!. Hay días en que no entra nadie.

Hace unas semanas, cuando ya era de noche, llegó un hombre solitario.
-Buenas noches, ¿Es usted el sacerdote?
-Sí, buenas noches.
-Es que traigo algo para los necesitados. Traigo unos "cartones" de leche. ¿Dónde los puedo dejar?
-Ah, pues muchas gracias. Ya le abro la almacén-bodega de Cáritas.
Y los dos descargamos de su furgoneta 80 litros de leche.
No me quiso dar su nombre, no quiso entrar en el templo, no dio más explicaciones: ¡se marchó! Y desde la ventanilla del auto me gritó:
-¡La próxima semana procuraré traer otro tanto!
Y las dos semanas siguientes, en el mismo día y a la misma hora ha venido con sus cartones de leche para los necesitados: solitario, de noche, anónimo... misterio!

El sábado por la mañana, recien abierta la Iglesia, llegó otro parecido:
-¿Es usted de esta Iglesia?
-Sí, soy el párroco nuevo.
-Ah, bueno... tampoco conocía al anterior... Yo no soy muy de estas cosas... ya sabe... jeje.
-Bueno, ¡bienvenido!
-Es que nunca la veo abierta y hoy la vi y me decidí a mirarla. Mi esposa sí viene por aquí algunas veces.
-Pues estaría bien que la acompañara usted... jeje.
-Ya, es que mire... esto... el otro día... creo que fue el lunes por la tarde, sí el lunes! vi una fila de gente aquí y me pareció que venían a pedir.
Sí, claro. Los lunes por la tarde tenemos Cáritas.
-Ya, pues nosotros, mi esposa y yo hemos pensado en colaborar algo en esto. Queremos dar un donativo, si se puede...!
-¿Donativo? ¡Claro que se puede! ¡Eso siempre!
-¡Pues tenga!
sin más me dio 300 Euros.
Se marchó solitario por el Paseo del Río sin decirme su nombre.

Ayer, mientras la iglesia estaba abierta, yo estaba en la oficina. Desde allí me pareció oír como unos gemidos o un llanto en el templo. Salí muy despacio y en silencio me fui acercando a una mujer que se limpiaba el rostro en un banco. Estaba sola. Ella me vio e hizo un gesto como pidiendo perdón o disculpas. Me senté cerca de ella.
-Perdone, Padre. No crea que estoy loca o algo parecido. Es que... es que no sé a dónde ir.
-¿Le importa que me siente aquí?
-No! pero es que solo tengo ganas de llorar... y... ¡me quiero morir! ¡Estoy tan sola!
-Nadie está completmente solo. 
-¡¡Sí, yo sí!! Mire: hace medio año que murió mi marido, el hombre más bueno de este mundo. No tenemos hijos. ¡Y yo no puedo con esta soledad!